Sociedad

Monotributo y jubilación: qué cambia en febrero 2026 y por qué la categoría importa

Con las nuevas escalas vigentes en febrero, el aporte previsional del Monotributo vuelve a estar en el centro de las consultas por el impacto futuro en el haber.

Lunes, 2 de Febrero de 2026, 9:45

Redacción EL ARGENTINO

Quienes trabajan bajo el Monotributo suelen llegar a la etapa jubilatoria con una pregunta recurrente: cuánto van a cobrar y de qué depende. La confusión no es casual. Aunque el acceso al beneficio sigue reglas generales del sistema previsional, el cálculo de arranque no replica el esquema típico de un empleo registrado.

 

En términos simples: en relación de dependencia se mira la historia salarial reciente; en monotributistas y autónomos se toman valores teóricos asociados a la categoría, lo que vuelve determinante la escala elegida a lo largo de los años.

 

Requisitos de jubilación: la puerta de entrada no cambia

Para iniciar el trámite se mantiene el mismo piso que para cualquier trabajador: reunir 30 años con aportes y cumplir la edad exigida por ley. En la práctica, eso significa llegar a los 60 años en el caso de las mujeres y a los 65 en el de los hombres. A partir de ahí, el debate ya no es si se puede acceder, sino con qué monto se arranca y qué tan favorable fue el recorrido dentro del régimen simplificado.

 

La diferencia clave está en la base de cálculo. En lugar de apoyarse en salarios efectivamente cobrados, el Monotributo utiliza una “renta presunta”: una referencia asignada a cada categoría para proyectar el ingreso sobre el que se aportó. Por eso, quienes pasaron la mayor parte de su vida laboral en escalas bajas tienden a quedar más cerca del piso del sistema. Un ejemplo habitual es el de la categoría A: con ese nivel de aporte, el resultado suele alinearse con la jubilación mínima. Para febrero de 2026, ese haber mínimo se ubica en $429.081,79, integrado por $359.081,79 actualizados más un refuerzo de $70.000.

 

Aporte al SIPA: cuánto va en cada escala en febrero 2026

Dentro del pago mensual del Monotributo hay un componente que va al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y ese valor varía según la categoría. Esa diferencia no es decorativa: es una de las piezas que termina empujando (o limitando) el haber futuro. Con la escala que rige desde febrero, los aportes previsionales quedan así: A $15.616,17; B $17.177,79; C $18.895,57; D $20.785,13; E $22.863,64; F $25.150,00; G $35.210,00; H $49.294,00; I $69.011,60; J $96.616,24; K $135.262,74. En paralelo, una vez otorgada, la jubilación entra en el esquema de movilidad, con actualizaciones periódicas como el resto de las prestaciones.

 

El punto fino aparece cuando se mira la película completa. No produce el mismo resultado haber permanecido años en los primeros escalones que haber subido de categoría durante un tramo relevante de la vida laboral. Además, hay trayectorias mixtas, períodos sin registro y cambios de régimen que alteran cualquier cálculo “a ojo”. Por eso, antes de apurar una decisión, suele ser útil proyectar escenarios con un profesional: en algunos casos conviene iniciar de inmediato; en otros, esperar puede mejorar el promedio teórico que se usa como referencia.

 

Para arrancar el trámite, Anses pide una verificación previa de la Historia Laboral dentro de Mi Anses y la presentación del DNI junto con el formulario P.S. 6.18, además de constancias que respalden períodos trabajados si aparece algún faltante. En el caso de las mujeres, existe el Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado, que puede sumar años mediante partidas de nacimiento y documentación adicional cuando corresponda. El paso final es solicitar turno y asistir con todo el respaldo: llegar con la carpeta completa suele ser la diferencia entre un trámite rápido y semanas de idas y vueltas.