Redacción EL ARGENTINO
La inflación de mayo se ubicó en 2,1%, el segundo mes consecutivo de baja mensual. Sin embargo, para la licenciada en Economía Victoria Lambruschini, la cifra oculta una realidad social alarmante. En diálogo con Debate Abierto, la especialista sostuvo que la desaceleración responde principalmente a un ajuste profundo aplicado por el Gobierno nacional, que ha mantenido las paritarias por debajo de la inflación y ha provocado un derrumbe del consumo masivo.
Lambruschini subrayó que la baja de precios no surge de una mejora económica real, sino de la contracción de la demanda. “La clase media y trabajadora está siendo asfixiada por salarios congelados y por el aumento desproporcionado de los servicios esenciales”, señaló.
La economista describió una asimetría crítica en la dinámica de precios: mientras los bienes sujetos a competencia muestran subas más moderadas, los servicios esenciales —como salud, transporte, luz y gas— continúan en alza debido a los ajustes tarifarios y la falta de competencia. Esta situación quita capacidad de compra para otros rubros, lo que explica el cierre de comercios y pymes, incluso en la peatonal de Paraná, por la caída de la demanda.
Un termómetro desactualizado
Lambruschini también cuestionó la precisión de las mediciones oficiales. Según explicó, el INDEC utiliza una canasta de consumo con 22 años de antigüedad, lo que distorsiona la percepción cotidiana de la suba de precios. “Estamos midiendo con un termómetro vencido que no contempla consumos actuales”, advirtió.
Más allá de la cifra mensual, alertó sobre el empobrecimiento relativo de la población y recordó que la Argentina no crece desde hace 15 años. En este escenario, la situación es especialmente crítica para la clase media: hoy se requieren aproximadamente 1,5 millones de pesos por familia para no caer bajo la línea de pobreza, un monto que la mayoría de los trabajadores registrados no logra percibir.
Proyecciones para el segundo semestre
De cara a junio, las proyecciones indican que la inflación podría situarse cerca del 1,8%, siempre que no existan saltos en el tipo de cambio. Sin embargo, Lambruschini advirtió sobre un “piso duro” difícil de perforar, debido a los aumentos pendientes en combustibles y tarifas. Estos incrementos, explicó, terminan trasladándose a toda la cadena de costos por la extensión territorial del país.
La especialista concluyó que la baja de la inflación no debe interpretarse como un signo de recuperación, sino como el resultado de un ajuste que profundiza la pobreza estructural y limita las posibilidades de crecimiento.
Fuente: Debate Abierto