Hernán Gil, un vigilante de 43 años, sobrevivió bajo 140 toneladas de escombros en Catia La Mar luego del doble terremoto que dejó más de 2.300 muertos.
Redacción EL ARGENTINO
Un impactante operativo internacional culminó con el rescate de Hernán Gil, un vigilante de 43 años que sobrevivió casi ocho días sepultado bajo las ruinas de un edificio en Venezuela. El hecho ocurrió en la localidad de Catia La Mar, en el estado de La Guaira, una de las zonas más afectadas por el doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió el norte del país el pasado 24 de junio. La tragedia ya registra una cifra superior a los 2.300 muertos.
El rescate con vida del trabajador fue confirmado de manera oficial por la Cruz Roja Costarricense, cuyo personal colaboró en el traslado inmediato de la víctima en una ambulancia de la Cruz Roja Venezolana hacia un centro asistencial de complejidad. El operativo demandó unas 114 horas de labor ininterrumpida y se convirtió de forma inmediata en el máximo símbolo de esperanza en medio de la catástrofe humanitaria.
El espacio de supervivencia
Al momento del sismo inicial, Gil se encontraba cumpliendo funciones en un edificio de siete pisos. La garita de seguridad donde se resguardaba no colapsó en su totalidad, sino que quedó desplazada de su eje original entre el colapso de la estructura. Según precisó su esposa, Gusbimar González, el vigilante logró refugiarse de forma rápida debajo de una mesa y una silla antes del desplome definitivo del complejo habitacional.
Ese improvisado refugio hogareño fue el factor clave que impidió que sufriera aplastamientos o lesiones fatales directas, soportando el peso equivalente a unas 140 toneladas de escombros. Durante las primeras jornadas no se registraron señales de actividad en el perímetro. Recién al quinto día de la desaparición, los equipos de búsqueda lograron establecer contacto acústico con el sobreviviente y se inició una carrera contrarreloj para su extracción segura.
Operativo internacional de precisión
Debido a la extrema inestabilidad de las ruinas de concreto, especialistas en estructuras de siete países coordinaron tareas de apuntalamiento minucioso. Contingentes de Venezuela, Chile, Costa Rica, Estados Unidos, México, El Salvador y Portugal operaron en el terreno. Las cuadrillas se vieron forzadas a abandonar una primera vía de acceso subterránea tras detectarse movimientos sísmicos secundarios y asentamientos peligrosos en las columnas principales.
Ante el peligro inminente de un nuevo colapso, los ingenieros modificaron el plan original y excavaron un túnel secundario de tres metros de longitud. Durante la madrugada de la jornada del rescate, registros audiovisuales de Bomberos de Chile ratificaron que el trabajador se encontraba consciente y en condiciones de recibir hidratación y alimentación regulada mientras se retiraban los bloques de cemento más pesados que obstruían la salida.
El símbolo de la esperanza
El tramo final de la extracción generó escenas de profunda emotividad entre las delegaciones extranjeras presentes en el lugar. Tras el retiro milimétrico de las últimas vigas de acero, Gil emergió por el estrecho conducto en una camilla de emergencias. El líder del equipo de rescate chileno, Cristian Vera, remarcó la enorme complejidad técnica del operativo debido a las dimensiones de los pilares colapsados que bloqueaban el acceso al punto exacto de supervivencia.
El rescate exitoso puso fin a una de las últimas grandes movilizaciones con expectativas de hallar personas con vida en la región de La Guaira. En un contexto de duelo nacional por el peor desastre natural reciente en el país caribeño, la figura de Gil cobró trascendencia internacional tras pasar ocho días sin luz natural, desafiando las estadísticas médicas globales y las complejas condiciones del terreno.
[Con información de Elonce]