La confirmación de los primeros casos de esta enfermedad neurodegenerativa mortal en Argentina encendió las alarmas en toda la cadena ovina y generó preocupación por sus consecuencias sanitarias, comerciales y productivas.
Por Karina Escola
El sector ovino de Gualeguaychú y de todo el país se encuentra en estado de alerta tras la confirmación, por parte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), de los primeros brotes de Scrapie clásico en Argentina. La detección se produjo en reproductores importados desde Paraguay en 2021 y 2022, localizados en establecimientos de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.
El Scrapie, también conocido como "tembladera", es una enfermedad neurodegenerativa fatal que afecta a ovejas y cabras. Si bien las autoridades y especialistas recalcan que no es una zoonosis —es decir, no se transmite a los humanos ni afecta el consumo de carne—, su impacto económico y en el estatus sanitario es profundo.
Uno de los focos detectados se encuentra en la localidad de Herrera de nuestra provincia, específicamente en la cabaña “El Luchador”. Su propietario, Sergio Tafarel, relató que la aparición de la enfermedad fue una sorpresa absoluta, ya que se dio en el marco de controles preventivos de rutina. “Nos toca esto por hacer las cosas bien, por hacer todo de forma legal y formal”, afirmó el criador, explicando que es obligación de quienes importan animales remitir el cerebro de los ejemplares cuando mueren por causas naturales.
Tafarel fue enfático al señalar que en su establecimiento nunca se observaron signos de la enfermedad: “No vi ningún síntoma, nunca tuvimos síntomas, nada de nada, pero es obligación remitir el cerebro”. Actualmente, su establecimiento se encuentra bajo interdicción del Senasa, lo que significa que tiene restringido el movimiento de animales; aunque puede vender ejemplares para faena, tiene prohibida la comercialización de reproductores.
La noticia ha generado una revolución entre los productores de la zona. Matías Márquez, referente de la raza Hampshire Down e integrante de la Sociedad Rural de Gualeguaychú, expresó que es “un problema grande que nos salpica directamente a nosotros y a un montón de cosas más a nivel país”.
La consecuencia más inmediata es la pérdida del estatus de “país libre”, lo que bloquea automáticamente la emisión de certificados de exportación para animales en pie. Márquez explicó que, si bien el comercio interno continúa, el Senasa ya no puede emitir certificados para mercados que exijan dicho requisito sanitario. Este cambio ya afecta a industrias locales que sufrieron el cierre de exportaciones de alimento balanceado debido a que algunos mercados internacionales exigen el estatus de país libre para recibir estos productos.
El hallazgo llega en un momento de gran impulso para la actividad, con inversiones en frigoríficos y una creciente venta de genética. Sin embargo, la aparición del scrapie generó dudas sobre eventos clave como el Congreso Mundial de la raza Hampshire Down, previsto para 2026 en la Rural de Palermo. Finalmente, Márquez confirmó que se desarrollará normalmente entre los días 18 y 24 de julio.
Por su parte, Tafarel dirigió críticas hacia el organismo sanitario nacional por no haber exigido pruebas de resistencia genética al momento de la importación. “Senasa nos tendría que haber exigido a todos los importadores el análisis de resistente que se denomina RR/R”, sostuvo, argumentando que con ese dato se podría haber evitado el ingreso de animales susceptibles a la enfermedad. Además, cuestionó los tiempos del organismo: en su caso, el animal murió en julio de 2025, pero los resultados positivos recién fueron informados en abril de 2026.
Medidas y próximos pasos
Senasa ha incorporado a los establecimientos afectados en un programa oficial de control y seguimiento. Los establecimientos afectados se encuentran bajo interdicción, lo que implica el bloqueo de su Registro Nacional de Productores Agropecuarios (Renpa). Esto restringe el movimiento de animales desde y hacia dichas unidades productivas. Las cabañas afectadas tienen estrictamente prohibido vender animales como reproductores. Esta es una de las medidas más sensibles para los cabañeros, ya que afecta directamente la venta de genética que es su principal ingreso. Además, se trabaja en la adecuación de protocolos para intentar mantener abiertos mercados de productos considerados "seguros", como lana, cueros y embriones, además de la carne previa remoción de tejidos de riesgo.
A pesar de la gravedad institucional, Tafarel intentó llevar tranquilidad a los consumidores y productores: "Es una enfermedad que está en todo el mundo. Los vecinos brasileros conviven con ella y no han parado de crecer en producción y exportaciones". No obstante, para los cabañeros locales, el desafío ahora es a largo plazo: iniciar procesos de selección de animales resistentes para intentar recuperar, en unos años, el estatus sanitario perdido.