El avance de los monotributistas y el estancamiento de los asalariados formales modifican la composición de los aportantes al sistema jubilatorio. Con aportes muy inferiores, el régimen simplificado tensiona las cuentas de la Anses y plantea un futuro de abundantes prestaciones mínimas.
Redacción EL ARGENTINO
La estructura del mercado laboral argentino está transformando de manera silenciosa pero profunda el sistema previsional. El crecimiento de los monotributistas y la menor participación de los asalariados formales en el total de aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) generan un escenario de alerta para las cuentas presentes y futuras de la Anses.
Según datos oficiales, en septiembre de 2025 había algo más de 10,3 millones de personas con aportes, de las cuales 69 de cada 100 eran asalariados, 23 monotributistas, cinco autónomos y tres trabajaban en servicio doméstico.
Veinte años atrás, la proporción era muy distinta: 82 asalariados, 11 monotributistas, seis autónomos y apenas uno en casas particulares. La tendencia muestra una caída de 13 puntos en la participación de los empleados dependientes y un incremento similar en el régimen simplificado.
El problema no es solo de cantidad, sino de calidad de los aportes. Mientras que en septiembre pasado un asalariado promedio aportó $168.635 y su empleador $191.859 —sumando $360.494—, un monotributista pagó apenas $16.270. Se necesitan 24 aportantes de este régimen para financiar una jubilación mínima, mientras que con 2,3 asalariados se cubre una prestación equivalente al doble del haber mínimo más bono.
El “puente” que nunca fue: el monotributo como régimen permanente
Cuando se creó el monotributo en 1998, se pensó como un puente para que los cuentapropistas informales se incorporaran al sistema tributario general. Sin embargo, en la práctica se convirtió en un esquema permanente, con el 90% de los inscriptos en las categorías más bajas. Esto implica que la gran mayoría de quienes aportan bajo este régimen solo accederán a la jubilación mínima, independientemente de los años de contribución.
El panorama se complica aún más con los autónomos y el servicio doméstico. Los primeros, que representan cerca del 5% de los aportantes, pagan en promedio $79.113, lo que requiere casi cinco contribuyentes para financiar un haber mínimo. En el caso del personal de casas particulares, el aporte mensual es de apenas $1382, lo que obliga a sumar 282 trabajadores para cubrir una jubilación mínima más bono.
La creciente participación de ocupaciones con aportes bajos tensiona el sistema previsional, que cada vez depende más de la recaudación impositiva general para sostener las prestaciones. El desafío es doble: garantizar ingresos dignos para los futuros jubilados y mantener la sustentabilidad fiscal en un contexto de informalidad persistente y empleo registrado estancado.
Fuente: La Nación