El Carnaval del País vive su edición número 45 y, desde hace más de dos décadas, el Corsódromo late con una voz que ya es parte inseparable del espectáculo. En exclusiva para EL ARGENTINO, el locutor Silvio Solari repasa su historia, su pasión y las caídas frente a la mayor fiesta del verano.
Por Germán Farabello
Hay voces que identifican épocas, momentos y lugares. Voces que apenas se escuchan, activan un recuerdo colectivo. En el Carnaval del País, esa voz es la del histórico Silvio Solari. Con 23 años de trayectoria siendo la voz oficial del mayor espectáculo a cielo abierto de la Argentina, su historia con el micrófono empezó mucho antes, cuando en 1989 dio sus primeros pasos en FM Sur, la frecuencia modulada de LT41. “Ahí hice mis primeras armas”, recuerda.
Luego, vendría el salto a Buenos Aires, donde tras pasar un riguroso examen de ingreso en Comunicaciones Salesianas (COSAL) donde rindieron más de 2 mil aspirantes, logró obtener uno de los apenas 60 cupos disponibles. “Lo único que tenía era el día a día en la radio de acá, y pude entrar. Estudié poco más de un año, pero por cuestiones laborales no terminé la carrera”.
Sin embargo, su camino en los escenarios continuaría con programas de radio, cumpleaños de 15, casamientos, desfiles de moda, elecciones de reina y fiestas estudiantiles. “Todo eso te va dando movimiento, te va formando, te va enseñando a manejar el escenario y a perfeccionarte”, explica.
Pero la llegada de Silvio al carnaval del País no fue algo inmediato ni planificado, sino que se dio de manera casi natural. Primero llegaron las invitaciones para presentar eventos vinculados a la fiesta, en los distintos Clubes de la ciudad. Uno de sus primeros contactos con el ambiente carnavalero los dio en la comparsa Kamarr, del Centro Sirio Libanés: “Fue algo indistinto, empecé presentando temas de carnaval y eso me permitió, indirectamente, empezar a trabajar en la apertura del evento”, cuenta. La primera noche oficial como presentador del Carnaval fue alrededor de 2005, y desde entonces, no se bajó más.
Solari insiste en que la suya no es una tarea individual y destaca la labor de muchos trabajadores de la Comisión que lo acompañan. “Siempre lo digo: somos un equipo”. Nombres como el de Noel, María Inés, Facundo y Julio están presentes en cada edición. “No es solamente hacer la apertura, estamos atentos al lanzamiento de cada comparsa, al reloj de salida de 10 minutos, a la finalización, a las ambulancias, a la seguridad, a las ubicaciones, a los molinetes. Es un engranaje enorme donde participa muchísima gente y nosotros somos parte de esa organización”.
Pero ser la voz oficial de la gran Fiesta Nacional del Carnaval implica también un cuidado y una disciplina silenciosa. “La preparación vocal es cuidarse durante la semana, no abusar del aire acondicionado, descansar, hidratarse mucho”. Solari confiesa además que el año pasado sumó algo nuevo: clases de canto con Piqui Monti. Sobre esta experiencia, Silvio asegura que su profesora le enseñó ejercicios vocales que hoy usa cada noche. “Después de tantos años de carrera, seguir aprendiendo es clave. Y me sirvió muchísimo”.
En este sentido, el locutor tiene muy claro que la voz no es solo un instrumento técnico, sino también una herramienta emocional: es la encargada de abrir la noche, de marcar el pulso, de sostener la energía cuando el espectáculo se pone en marcha.
Caídas, golpes y resiliencia
A lo largo de más de dos décadas, el compromiso de Solari con el Carnaval quedó demostrado en más de una ocasión. En 2012 sufrió un accidente automovilístico que le provocó la fractura de dos costillas. “Ese sábado fui igual, vendado, presenté la noche y me volví a mi casa. Eso es el fanatismo”, dice sin dramatismo.
En otra ocasión, hace aproximadamente dos años, cayó por la escalera caracol de la histórica Estación de Ferrocarril, comúnmente conocida como “la Casa Rosada”, al bajar luego de buscar el micrófono. Sobre ese episodio, recuerda: “Me atendieron, me inyectaron, nos tomamos diez minutos más y salí igual. Después estaba destruido. Pero mi preocupación era que la presentación no quedara colgada”.
Este año, sin embargo, sucedió algo distinto. Por primera vez en 23 años, decidió bajarse de la conducción de la Elección de la Reina. La razón no fue física: “La vida a veces te toca la puerta con algo que no conocías. Me encontré con la depresión, y es un trabajo diario. Puedo hacer la presentación todas las noches, pero es algo que está ahí, latente”, dice con una honestidad poco habitual en figuras con tanta exposición pública. Sobre esto, Silvio destaca el enorme acompañamiento de sus amigos, de su familia y de la Comisión del Carnaval. “No hay que negar las cosas, hay que demostrar que podés seguir, pero también saber cuándo tomar un respiro. El año que viene, si Dios quiere, volveré al escenario de la elección”, afirma con positivismo.
Una pasión que se mantiene intacta
Consultado acerca de qué significa el Carnaval en su vida, la respuesta no tarda: “Es mucho, es un condimento más del verano en la ciudad, pero es tremendo el espectáculo que hacen todos: desde el primero hasta el último trabajador, directo o indirecto”. Y agrega: “Es una fiesta que debemos respaldar y disfrutar como ciudad. Es uno de los engranajes más importantes del verano y el más convocante, sin dudas”.
Solari es un defensor convencido del impacto social y económico del Carnaval. “Se le pega mucho, pero le ha dado a la ciudad cuatro colegios, los Clubes invierten lo que ganan. Vos ves los tres pisos del colegio del Centro Sirio Libanés, los talleres nuevos en los galpones de carrozas en O´Bahía, el crecimiento de cada institución. El Carnaval es una herramienta importantísima”.
En tiempos de redes sociales y opiniones filosas, también aprendió a protegerse. “Hay que hacer caso omiso a los comentarios hirientes, no contestar. Yo sé quién soy, y los que me conocen saben quién es el que se sube al escenario y el que se baja. Eso me deja tranquilo”.
Finalmente, Silvio resalta el acompañamiento permanente de sus hijos, Agustina y Bautista, acompañándolo cada noche. “Eso para mí es muy importante. Que estén conmigo en este camino”. Además, agradece la confianza y el acompañamiento desde la Comisión del Carnaval y de los cinco clubes participantes. “Siempre sentí el apoyo, soy un agradecido, el Carnaval me dio cosas hermosas”. Casi como una declaración de principios, deja una frase que resume su recorrido: “Siempre digo que soy una persona ordinaria a la que le siguen pasando cosas extraordinarias”.
Mientras el Carnaval del País transita el final de la edición 2026, y la consagración de la comparsa ganadora se acerca, la voz de Silvio Solari vuelve a encenderse. Porque cuando el silencio previo invade el Corsódromo y la expectativa crece, hay algo que el público espera casi tanto como el paso de las comparsas: que esa voz anuncie, una vez más, que la fiesta está por comenzar.