Tras la fuerte presión para modificar las bandas cambiarias, el precio del dólar no deja de caer. ¿Está barato? Y, sobre todo, ¿es sostenible este valor?
Redacción EL ARGENTINO
Hace un par de meses el mercado parecía anticipar tensión cambiaria: las discusiones sobre el esquema de bandas y la posibilidad de un ajuste del tipo de cambio ocupaban el centro del debate económico. Sin embargo, el movimiento fue en sentido contrario y el dólar no para de bajar. La pregunta es qué explica esta dinámica en una economía históricamente escasa de divisas.
Entre noviembre de 2025 y febrero de 2026, empresas y provincias argentinas colocaron en el exterior más de USD 6.000 millones en deuda, considerando las principales emisiones corporativas y subsoberanas del período. En el mismo cuatrimestre del año anterior, el volumen había sido significativamente menor y sin colocaciones provinciales relevantes. La diferencia es clara: el flujo financiero externo del último cuatrimestre fue varias veces superior al registrado un año atrás. Si bien esta cifra no modifica por sí sola la estructura externa de una economía que exporta miles de millones de dólares por mes, sí constituye un ingreso relevante cuando se concentra en pocas semanas y en un mercado que venía operando con tensión.
En ese contexto puede observarse un patrón que se repitió a lo largo de la gestión actual: cada vez que el mercado percibe escasez de divisas, aparece un puente financiero que permite atravesar el período hasta la siguiente entrada significativa de dólares. En Argentina, esos momentos fuertes de ingreso comercial suelen concentrarse en dos etapas del año: la liquidación de la cosecha fina hacia fin de año y la cosecha gruesa durante el segundo trimestre. Entre una y otra, los flujos tienden a moderarse y es allí donde aparecen los mecanismos extraordinarios de financiamiento.
Ese puente adoptó distintas formas: una ley de blanqueo de capitales, desembolsos de organismos internacionales, respaldos financieros internacionales y señales de apoyo externo, financiamiento externo, colocaciones internacionales de provincias y emisiones de obligaciones negociables en el exterior. El mecanismo es similar: surge una oferta extraordinaria de dólares que no proviene del flujo exportador corriente, lo que ayuda a sostener el tipo de cambio hasta el siguiente momento de mayor ingreso de divisas. No se trata de un fenómeno aislado, sino de una estrategia de administración de la escasez.
Cuando empresas o provincias emiten deuda en el exterior reciben dólares fuera del país y, si esos fondos se destinan a financiar actividad local o inversiones internas, deben ingresarse y liquidarse en el mercado oficial de cambios, incrementando así la oferta. Parte de esos ingresos contribuyeron a recomponer reservas y reducir expectativas de salto cambiario. Además, el Gobierno ha aprovechado estos momentos de mayor oferta para comprar divisas y fortalecer el stock de reservas del Banco Central. Esto permitió un aumento de las reservas brutas —es decir, el total de activos en moneda extranjera que figuran en el balance del Banco Central— aunque las reservas netas, que descuentan pasivos en dólares y obligaciones con organismos internacionales, continúan en terreno negativo.
A esto se sumó el último dato oficial de comercio exterior: en enero de 2026 la balanza comercial registró un superávit cercano a USD 1.987 millones, impulsado por un aumento interanual de las exportaciones —explicado mayormente por mayores cantidades— y una caída de las importaciones, también en volumen. En particular, la reducción de compras externas de bienes de capital e insumos intermedios suele asociarse a un menor dinamismo de la actividad económica.
Hay además otros factores que favorecen la estabilidad cambiaria, entre ellos la política fiscal, monetaria y las expectativas, que se suman al flujo financiero reciente. Esta combinación de mayor oferta y menor demanda defensiva ha cambiado el escenario.
¿Dónde puede estar el piso?
El dólar puede parecer bajo si se lo compara con la tensión que existía hace un par de meses, pero más que “de oferta” podría estar sostenido por una ingeniería de flujos. Si esos puentes sirven para ganar tiempo hasta consolidar una mayor capacidad exportadora, pueden formar parte de una transición ordenada; si se vuelven un mecanismo recurrente sin ampliar la base productiva, la estabilidad dependerá cada vez más del acceso al crédito y de la confianza externa.
Con tasas reales positivas y calma cambiaria reapareció el interés por estrategias de carry trade. Sin embargo, los nuevos mínimos en la cotización del dólar registrados esta semana podrían estar señalando la formación de un piso, lo que eventualmente reactivaría la dolarización de carteras por parte de inversores minoristas. En nuestro país, incluso en escenarios de estabilidad, el riesgo cambiario nunca desaparece.
En macroeconomía, el origen de los dólares importa tanto como su precio.
Por Milagros Martinez Garbino
Economista - Especialista en finanzas personales