La mejor jugadora de la historia del básquet femenino de la ciudad y una de las más destacadas del país, habló sobre la actualidad de la disciplina que sigue practicando defendiendo los colores de Central Entrerriano.
Redacción EL ARGENTINO
La jugadora que jugó en clubes de Europa, África, Ecuador y en China con la Selección Argentina es una palabra más que autorizada para hablar de básquet.
Consultada por la actualidad del local dijo que “lo veo igual que siempre, inclusive peor, porque lo han dejado caer mucho, no hay competencia, no hay dirigentes, no hay sponsor. El básquet femenino a nivel nacional ya tiene problemas, imaginate a menor escala, es muy difícil”.
Y agregó que: “Es lamentable porque yo la verdad que amo el básquet, fue mi vida durante muchos años, fue mi profesión, mi trabajo, mi hobby, todo, y siento que estar en una cancha de básquet es algo que me pertenece, ya sea Central, en su momento que pude ir a Juventud. Creo que tal y como está la situación, no es que seamos hinchas de un club, sino que somos apasionados del básquet femenino”.
Además señaló que “no hay gente que apoye, siempre son las mismas caras, y es lamentable. Yo la verdad que estoy en Central ahora, voy cuando puedo, porque mi realidad está enfocada en mis niños que son chiquitos, pero me hace bien ir a Central, la gente que hay ahí, las chicas son divinas, el entrenador, el entrenador físico, son poquitos pero la verdad que se brindan de corazón y eso es lo más importante en estos tiempos”.
Ediciones pasadas hacíamos referencia al bajón que sufre el básquet femenino local que se mantiene en pie por el esfuerzo de clubes que apuestan fuerte al mismo y por jugar un Interasociativo, ya que, en la ciudad, solo Central Entrerriano y Juventud Unida tienen primera. Pese a todo, Gualeguaychú tiene a Celia Fiorotto en la selección al igual que Isabelle Boullón, Agustina Marín en México, y Nicole Taparí, jugadoras de primerísimo nivel que sobresalen.
Al respecto, Gisela opinó que “por fortuna hay gente que nos pueden ver de afuera, y que nos ayudan a dar ese salto para seguir creciendo, que es lo más importante porque después esas jugadoras ya no vuelven, se van y ya siguen su camino”.
¿Qué tendría que pasar para que en el ámbito local, más allá de tratar de volver a las fuentes, el básquet vuelva a ser lo que fue alguna vez, y fundamentalmente, a tener más competitividad y más prestigio, posibilitarle a más chicas jugar y encontrar una profesión de la cual vivir?
La pivote respondió que “pasa un poco lo que pasa con el país, falta empatía, falta compañerismo, falta unión, falta un líder que nos pueda gobernar y decir, hasta acá vamos los clubes juntos, apostar por algo mejor .
“Estamos todos en la misma bolsa, y pelear no sirve para nada, hay que unirse, porque todos queremos el básquet femenino, y lo más importante, que haya más chiquitas que salgan de la calle y se sumen a un club, porque es lo único que nos va a salvar, el deporte sano, y es lo que también nos permite soñar y ilusionarnos con un mañana mejor”, agregó.
Siempre jugué en Racing, acá en Argentina, de Gualeguaychú. Después ahí me vieron de la selección argentina y ya me fui a Ourense, España. Y bueno, después ya me fui a Vila García de Arousa, luego Badajoz, Madrid, Mallorca, y entre medio iba a la selección, después a reforzar un club de Ecuador, a otro de África, y bueno, así, 20 años afuera”, detalló.
La experiencia en África
En referencia a su paso por África, dijo que “la verdad que cuando decidí ir fue como algo más personal, porque claro, venir de Europa, el primer mundo que te tenían allá arriba, era como que quería conocer otra realidad. Y la verdad que fue difícil, porque la cultura es sacrificada. Se notan muchas carencias, pero a nivel deportivo muy bien, un básquet muy físico, muy fuerte las jugadoras, pero están haciendo buen trabajo también, y por eso se hacen hincapié en llevar refuerzos de otro lado, para poder crecer en la liga de ellos, que lo veo bárbaro.
“Mi experiencia en Maputo (Mozambique) fue excelente. Jugué dos meses al año en dos temporadas. Era la única blanca, algo interesante; porque como que te sentías observada todo el tiempo, pero cero problema. La verdad que ellos tienen mucho amor para dar, y son divinos, porque hacen que vos te sientas cómoda, te brindan todo, hasta lo que ellos no tienen te lo dan.
Y expresó que, “siempre prevalece el humano y yo re agradecida, porque pude conocer esa cultura de ellos. Todas las experiencias te hacen crecer, tanto humanamente como deportivamente. Me dejaron una lección de vida muy importante, porque nos quejamos de cosas mínimas. Acá tenemos todo, y después vas allá y te encontrás con que el agua es importante, los afectos son importantes, y vos lo tenés todos los días y no lo valorás, una casa, un techo, la movilidad para salir, y vos decís, no sé de qué me quejo, la verdad, y eso está bueno como que hacer un parate, y volver a empezar.”