Un hombre queda absuelto por decisión de un juez. Quince años más tarde, el hombre encuentra al ahora ex juez y le confiesa que ha sido el asesino. La ley por un lado, la justicia por el otro y la siempre inclaudicable conciencia son las cosas que están en permanente tensión. Esa es la historia que escribió Héctor Tizón y esa es la historia que narra en su cortometraje (con variaciones y adaptaciones elogiadas por el propio escritor) la artista Cristina Guahnon.
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?El hombre que vino de la lluvia? se presentó en Gualeguaychú en el marco del ciclo de cine argentino que organiza e impulsa la Dirección de Cultura de la Municipalidad.
Guahnon no está sola en esta ?quijotada? cristalizada en el celoloide. La acompaña en la dirección de Arte, Liliana Crnich, artista de Gualeguaychú y un grupo de actores que fecunda proyección: Adrián Fondari, Carlos Roffé, Pablo Seijo, Edgardo Castro y Javier Rodríguez.
?A todos ellos como a Tizón estoy profunda y eternamente agradecida, porque se pusieron en el corazón la historia que quise narrar en el cortometraje?, confesó a EL ARGENTINO la directora Guahnon.
Oriunda de La Paz, Guahnon contó con el apoyo incondicional de otra entrerriana: Crnich; y adaptó la historia de Tizón en una geografía más vinculada a su memoria de identidad: el litoral.
La historia del ?Hombre que vino de la lluvia? está ambientada entre 1937 y 1954. ?Y su ambientación requirió de una mirada estética muy estricta, por eso estoy contenta y satisfecha con el aporte que me brindó Liliana?, dirá siempre con el don de la gratitud la directora de la película.
?Siempre creí que era más potente estrenar en el mal llamado interior del país una historia como ésta?, dice sin justificación pero con convencimiento Guahnon.
La historia tiene crónica policial: el personaje ?El Rana? mata a su mujer y al amante; y a pesar de su disposición por confesar, su abogado logra que la justicia lo absuelva por falta de mérito y ausencia de pruebas. Años después, ya sin el peso de responder ante la ley, libera su conciencia confesándose nada menos que ante el juez que no lo pudo condenar.
Sin embargo, como lo subraya muy bien Guahnon, ?se trata de un relato verosímil, porque presenta al tema del delito, el castigo, la ley y la justicia de una manera muy realista?.
En efecto, la frontera conflictiva de esta historia excede la imaginación y perfectamente puede encarnarse en una historia real. Es la magia de la palabra, pero en el caso de Guahnon y su cortometraje, es el potencial de la imagen que va a parir un relato pensado originalmente desde la literatura.
Pocas películas son tan o más potentes que el relato literario que las inspira. En este sentido, se podría aseverar sin temores ni dudas que el cine de Guahnon conserva la magia de todo buen relato pero también el realismo de toda buena historia.