Desde el 19 de enero, Italia permanece bajo los efectos devastadores del ciclón Harry, que paralizó ciudades enteras y obligó a miles de familias a evacuar sus hogares.
Redacción EL ARGENTINO
El fenómeno meteorológico golpeó con fuerza las regiones de Sicilia, Calabria y Cerdeña, dejando un saldo de casas inundadas, rutas cortadas y servicios básicos interrumpidos. Las ráfagas de viento superaron los 150 km/h y las lluvias torrenciales provocaron acumulados de más de 300 milímetros en apenas dos días, generando un escenario de riesgo hidrogeológico crítico.
Ciclón Harry: uno de los más violentos de las últimas décadas
El Departamento de Protección Civil declaró la alerta roja y desplegó más de 1.200 bomberos para asistir a comunidades aisladas y coordinar evacuaciones. Las autoridades calificaron al ciclón Harry como uno de los más violentos de las últimas décadas, mientras que el gobierno nacional lo describió como la peor tormenta en veinte años.
Ciudades como Catania y Scaletta Zanclea, en Sicilia, sufrieron marejadas ciclónicas y graves inundaciones. En Calabria, los derrumbes bloquearon rutas y dejaron localidades incomunicadas. En Cerdeña, más de 200 personas fueron trasladadas a refugios tras el avance del agua sobre viviendas y hoteles.
La emergencia también impacta en la economía local, con la paralización de actividades turísticas y comerciales, y en la infraestructura, con daños en carreteras, puertos y líneas ferroviarias. Expertos advierten que fenómenos mediterráneos de esta magnitud se vuelven cada vez más frecuentes, vinculados al cambio climático y al aumento de la temperatura del mar.
El ciclón Harry deja a Italia frente a un desafío inmediato: garantizar la asistencia humanitaria y planificar la reconstrucción de las zonas más afectadas. La tragedia expone la vulnerabilidad de las comunidades costeras y la necesidad de reforzar políticas de prevención y adaptación climática.