Redacción EL ARGENTINO
La compañía dejará de operar durante este año, en medio de un escenario marcado por la presión impositiva y la fuerte caída de la rentabilidad del negocio agroquímico.
La decisión fue tomada por la conducción global de la firma y responde, principalmente, a dos factores: el creciente “riesgo financiero” derivado de demoras en la devolución de impuestos retenidos y el deterioro de los márgenes de ganancia en el mercado local.
Mientras avanza el cierre de operaciones, la empresa ya comenzó a liquidar el stock disponible y dejó de formular e importar productos. Aunque desde Helm evitaron realizar declaraciones públicas, trascendió que la salida será definitiva y que el proceso ya está en marcha.
La filial argentina contaba con unos 30 empleados, pero la mitad ya fue desvinculada. En el país, la empresa manejaba una facturación estimada de entre 30 y 40 millones de dólares anuales, aunque en los últimos años sus márgenes se redujeron drásticamente.
Uno de los puntos que aceleró la salida fue la imposibilidad de recuperar cerca de 5 millones de dólares correspondientes a distintos impuestos retenidos. Según indicaron desde el sector, la compañía mantiene créditos inmovilizados vinculados al Impuesto PAIS, IVA, Ingresos Brutos provinciales y anticipos de Ganancias.
En el mercado agroindustrial aseguran que la crisis de rentabilidad afecta a buena parte de la cadena, pese a las buenas perspectivas de cosecha. A esto se suma la creciente competencia de operadores chinos, favorecidos por una mayor apertura de importaciones impulsada por el Gobierno nacional.
Aunque Helm también enfrentó una baja de márgenes en países como Brasil y Estados Unidos, en esos mercados la firma decidió mantener sus operaciones. En cambio, en Argentina optó por bajar definitivamente la persiana.