Sociedad Indio Solari infinito

Una fila interminable: llantos, dolor y el canto como consuelo en la despedida del Indio

Telas negras, una pantalla con su nombre y un cajón que vuelve irrefutable la ausencia del ídolo forman parte del escenario principal del velorio en Villa Domínico. Afuera, la cola cruza Sarandí y nadie sabe hasta dónde crecerá. La música sostiene lo que se rompe

Domingo, 7 de Junio de 2026, 16:06

Redacción EL ARGENTINO

El polideportivo municipal se transformó en una capilla ardiente y un altar popular. Telas negras colgaban del techo, una pantalla que proyecta la palabra “Indio” junto a los dibujos digitales que el músico realizaba en sus últimos años, y un cajón brilloso se convirtió en el centro de un ritual colectivo. Sobre la alfombra improvisada de remeras, banderas y flores, miles de personas se acercan a despedirlo mientras transcurre la tarde. La fila atraviesa Villa Domínico y llega hasta Sarandí, es un recorrido interminable lleno de dolor y tristeza, que solo se apaga cuando se lo escucha cantar desde algún rincón en una radio improvisada. O, cuando desde un grupo, con guitarra en mano se cantan sus temas.

Dentro del Gatica, el dolor se profundiza. Los llantos se mezclan con los cantos, los abrazos con las lágrimas. “Gracias, Indio”, “Te amo, Indio”, se escucha entre sollozos que se vuelven más intensos. Afuera, la espera era acompañada por parlantes que reproducían la discografía de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: “Mariposa Pontiac”, “Nueva Roma”, “Gualicho”. Cada canción es un viaje biográfico para quienes hicieron de su música una forma de vida.

 

Personas de todos el país estan llegando y dejan sus testimonios: Dalila, llegada desde Santa Rosa, La Pampa, llevó flores blancas junto a su hijo Lautaro. “Nadie dijo como Solari lo que yo sentía”, alcanzó a decir con la voz quebrada. Juan Martín, de Paso de los Libres, Corrientes, manejó más de 600 kilómetros para estar presente: “El Indio se merece que seamos muchos para despedirlo. Así eran sus recitales, estallados. Así tiene que ser su adiós”. Gabriela y Marcos, porteños radicados en Catamarca, recordaron que se conocieron en un recital de Los Redondos en Mar del Plata en 1999. “A los Redondos les debo lo más importante que tengo: mi familia. Me cambiaron la vida de una manera que va más allá de la música”, dijo él, mostrando orgulloso la foto de sus hijos.

La organización incluyó a trabajadores de Defensa Civil, personal de emergencias médicas y bomberos, que controlan la seguridad de la multitud y reciben aplausos espontáneos. La tristeza convivió con el orden y la música, en una espera que fue también celebración de una vida artística irrepetible.

El Indio Solari, el hombre más convocante de la música argentina, murió el viernes 5 de junio a los 77 años. La pantalla del Gatica dece “1949 - ∞”, y aunque la certeza de la muerte está presente, la multitud insiste en qué su obra es infinita.

 

En Porco Rex, su segundo disco junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, escribió: “Hay que estar un poquito sonado para olvidarte”. Este domingo, alguien lo pintó en una pared. Y miles lo repiten en voz baja, convencidos de que el Indio no se va del todo: seguirá vivo en cada canción, en cada viaje, en cada pogo.

 

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