Redacción EL ARGENTINO
El hallazgo de restos humanos en los terrenos aledaños al ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, volvió a conmover a familiares de desaparecidos y a organizaciones de derechos humanos. Tras décadas de búsqueda, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar nuevas víctimas, en un proceso que combina ciencia, memoria y justicia.
Entre los casos confirmados se encuentra el de Ester Felipe y Luis Mónaco, secuestrados en enero de 1978. Su hija, Paula Mónaco Felipe, recibió la noticia desde México, donde vive desde 2004. “Pese al esfuerzo miserable que hicieron por esconderlos, los encontramos. Mi familia se quita una capa gris y vuelve a vivir en colores”, expresó emocionada. Paula tenía apenas 25 días cuando sus padres fueron secuestrados; se crió con sus abuelos y desde joven se sumó a la militancia en organismos de derechos humanos.
Otro de los nombres identificados fue el de Graciela Doldán, abogada laboralista y militante de Montoneros, secuestrada en abril de 1976. Su hermano Roberto celebró el hallazgo: “La Gorda les ganó otra vez. No la pudieron desaparecer. Los sacamos de la condición de desaparecidos, los terminamos encontrando”. La familia Doldán, como tantas otras, sostuvo la búsqueda durante décadas, convencida de que la desaparición es también una forma de tortura para los allegados.
La militante Graciela Geuna, sobreviviente de La Perla y compañera de cautiverio de Doldán, también participó de la jornada. Su marido, Jorge Omar Cazorla, continúa desaparecido. “Nuestros desaparecidos son un colectivo bajo tierra, pero también estuvieron juntos en ideales. Necesitamos más recursos para acelerar las excavaciones porque se nos va la vida”, reclamó.
El EAAF recogió más de 1200 piezas óseas en las excavaciones realizadas entre septiembre y noviembre del año pasado. Ya hubo dos tandas de identificaciones, y el juez federal Hugo Vaca Narvaja anunciará oficialmente los nuevos nombres en conferencia de prensa.
La magnitud del hallazgo recuerda la operación de encubrimiento que realizaron los represores en 1979, cuando levantaron cuerpos con maquinaria pesada para ocultar pruebas ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, la tierra guardó fragmentos suficientes para que hoy puedan ser identificados.
Los familiares insisten en que el Estado argentino debe redoblar esfuerzos: “No se puede construir una democracia sólida con miles de hombres y mujeres insepultos. La reparación tiene que ser ya”, señaló el abogado Ramiro Fresneda, hijo de desaparecidos. También reclaman que los militares condenados y quienes aún guardan información digan dónde están los cuerpos.
El hallazgo de Ester, Luis y Graciela es un paso más en la larga lucha por memoria, verdad y justicia. Para las familias, significa transformar la ausencia en presencia, la tristeza en impulso y la búsqueda en encuentro. Como dijo Paula: “Ahora estoy empezando a entender todo lo que cabe en el verbo encontrar”.
Fuente: Página 12