Redacción EL ARGENTINO
La muerte de Silvina Luna ha provocado una gran revolución en los medios de comunicación y en las redes sociales. Como profesional de la salud, ¿cuál es tu mirada al respecto?
Con respecto a lo que pasó con Silvina Luna, para mí es una tragedia. El tema es que está hecho por una persona que no es un par de la especialidad, él mismo lo ha reconocido públicamente. Ha hecho prácticas que no están reconocidas por colegas. Por supuesto que existen inyecciones de sustancias en cantidades moderadas, pero no en esas proporciones. Por la información periodística que tengo, colocó sustancias que no están aprobadas. Se habla de metacrilato, pero hay otras denuncias de que colocaba otra sustancia preparada por él y esto se va a dilucidar con exámenes patológicos y autopsia. En principio, te digo -y él lo ha reconocido en intervenciones que ha tenido en programas televisivos- que no es cirujano plástico, solamente ha hecho algunos cursos de los que se desconoce su origen. La primera reflexión que me sale es que hoy en día, con la información que tenemos en las redes e Internet, cuando uno consulta como paciente tendría que tener un mínimo de investigación sobre si el profesional es un cirujano certificado y cuáles son sus antecedentes, es importante conocer al profesional que realizará la cirugía estética. En el interior es más fácil, tal vez porque las personas se conocen, se conoce la trayectoria y eso avala la actividad profesional. Pero en Buenos Aires y en ciudades grandes, si uno decide realizar alguna práctica quirúrgica o no quirúrgica, el primer consejo que doy es constatar si ese profesional pertenece a sociedades de la especialidad.
En los últimos años, en varios países latinoamericanos se ha dado inicio a la regulación legal de las prácticas de cirugías estéticas. ¿Cuál es la situación en nuestro país?
En la Argentina es un tema gris. Cada vez se va mejorando un poco más, porque se solicitan certificaciones de la especialidad, reválidas y un montón de cosas. Legalmente, una persona que se recibe de médico está habilitada a hacer cualquier práctica médica, y a veces aparecen personajes inescrupulosos que empiezan a hacer cualquier tipo de actividad sin tener el entrenamiento adecuado. Para ser cirujano plástico hoy en nuestro país, reconocido y formado con el título de especialista, primero hay que hacer una residencia completa de cirugía general, que son cuatro años. Después de eso, se accede a la posibilidad de un examen para entrar a una residencia de cirugía plástica, como también para una residencia de cirugía de tórax, cardiovascular o neurocirugía, es decir, las diferentes subespecialidades quirúrgicas. Esto lleva tres años más. Recién ahí, estás habilitado a decir que sos cirujano plástico. Hay mucha gente que no hace este camino, que agarra atajos que legalmente puede hacer, y después ocurren estas cosas. Sumado a esto, hay que diferenciar muy bien la cirugía plástica y reconstructiva -que es el nombre de la especialidad en la que están incluidas las cirugías estéticas- de lo que es medicina estética, que no realiza actos quirúrgicos, solo procedimientos de inyecciones de sustancias, bótox y tratamientos con elementos que mejoran la piel y el aspecto físico.
¿Considerás que ha aumentado el número de cirugías estéticas en estos últimos años?
En mi caso, la frecuencia de cirugías ha sido estable. Hay períodos estacionarios en los que hay más cirugías que en otros, pero en general es una frecuencia bastante pareja. Cada profesional tendrá su experiencia. Lo importante de la cirugía estética es buscar el equilibrio, es ver qué expectativa tiene el paciente que consulta y el cirujano como profesional evaluar cuál es el cambio que le puede dar, cuál es el margen de mejoría, y eso tiene que quedar muy claro para que no haya falsas expectativas. Hay cosas que se pueden hacer y otras que no. Es importante la cirugía estética, ya que parece algo solamente cosmético, pero influye mucho en la salud mental y en la autoestima. Pero resulta fundamental siempre pensar en términos de equilibrio. El meollo de la cuestión es, entonces, captar cuál es la expectativa del paciente y, con mucha claridad, el cirujano debe decir qué es lo que se puede hacer. Si eso se cumple, la intervención termina siendo exitosa.
¿Qué condiciones debe tener un paciente, en términos generales, para realizarse una cirugía estética?
El paciente tiene que tener sus estudios prequirúrgicos en orden, eso es un requisito fundamental desde el punto de vista clínico. Incluye un laboratorio completo, un electrocardiograma, una revisión con el cardiólogo y, vuelvo al punto inicial, debe tener bien claro qué es lo que quiere y qué es lo que se puede hacer. Cuando uno detecta en el consultorio que hay fantasías con respecto al resultado que se puede lograr, lo ideal es bloquear ese procedimiento hasta que ese punto quede bien claro.
¿Cuáles son las precauciones y los riesgos a tener en cuenta?
No hay ningún acto quirúrgico o médico, por más simple que sea, que no conlleve un riesgo. Desde poner una inyección hasta recetar un medicamento. Todos los actos médicos deben hacerse con profesionales certificados, con experiencia, en un ámbito aprobado y, a pesar de que se haga todo eso, puede haber problemas y complicaciones, pero minimizados si todas las condiciones están dadas.
Por último, ¿cuál es el mensaje que, desde tu posición como profesional, podés dar a la sociedad?
Finalmente, mi reflexión hacia la sociedad, con respecto a la situación que se reavivó con el caso dramático de Silvina Luna, es que es importante, cuando uno está por realizar un procedimiento que va a ser fundamental en su vida, recabar información de quién es el profesional que lo va a hacer, dónde lo va a hacer y cuáles son sus antecedentes y certificaciones Hoy eso se puede lograr ingresando a la página web de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires y a la Sociedad de Cirugía Plástica Argentina. También es importante prestar atención a los comentarios de los colegas y al “boca a boca” de los pacientes que consultan a un determinado profesional.