Por Leticia Mascheroni
La escuela para niñas “José León Torres”, que habían fundado Luisa Bugnone y Camila Nievas, contaba con la pequeña biblioteca “Manuel Belgrano”, con apenas veinticuatro libros, que estas dos mujeres habían donado. Las restantes fundadoras se sumaron a la donación de libros y, cuando despuntaba el siglo XX, el 9 de julio de 1900, con solo 300 libros, Camila Nievas creó la biblioteca “Olegario Víctor Andrade”, -primera en Argentina fundada por mujeres- en el local que ocupaba la “Sociedad por la Patria y el Hogar”, perteneciente a la “Sociedad entre Argentinos y Orientales”.
Si bien la biblioteca fue inaugurada un año después, Camila inició, junto con la comisión de damas, una campaña de donación de libros, que no tardaría en dar sus frutos. Ferviente lectora de la poesía de Andrade, era el mejor homenaje que podía tributar al vate. También sentía gran admiración por otro poeta local: Gervasio Bibiano Méndez, al cual la unían lazos de sangre, pues ambos descendían de un tronco común: Pedro Ramón de León y María Josefa Ledesma, pertenecientes a las familias fundadoras de Gualeguaychú.
Camila Nievas no pudo concluir sus estudios de maestra en Paraná por razones personales, su maestra en la escuela de primeras letras Luisa Bugnone, la propuso para desempeñar la docencia, debido a sus excelentes condiciones.
Pasó así a ser maestra y directora de la “Escuela del Puerto” (hoy “Domingo Matheu”), en la cual continuó manifestando su admiración por el poeta copoblano Olegario Víctor Andrade, al trabajar codo a codo con la “Asociación Andrade”, entidad que contribuía a aliviar las carencias de los más pobres. En una publicación del periódico “El Noticiero” del 12 de julio de 1909, se destaca la valiosa contribución de comerciantes que colaboraron con la donación de telas para confeccionar vestimenta. Previamente y en conmemoración de los festejos de mayo, esta asociación también había colaborado para pagar la colección de animales embalsamados, con que Camila había enriquecido la sala de ciencias.
La biblioteca continuó creciendo en el espacio que le cediera la “Sociedad Unione E Benevolenza” y, cuando se trasladaron a “la casa propia”, en la calle 25 de mayo, contigua al Colegio Nacional, la espaciosa residencia, permitió disponer de lugar para muebles, sala de conferencias y de lectura. El número de socios aumentaba permanentemente debido a los beneficios que brindaba la institución, especialmente para las mujeres, que pudieron acercarse al mundo de la cultura, que les había sido denegado.
Otras bibliotecas conforman el patrimonio del Instituto Magnasco
En 1920, al producirse el fallecimiento del doctor Osvaldo Magnasco, amigo y benefactor, Camila Nievas impuso su nombre a la sociedad que presidía, pasando a denominarse “Instituto Magnasco” o “Institución Magnasco”, como aparece en algunos documentos. Ese mismo año salió en subasta pública la biblioteca de Magnasco y, deseosa de incorporarla, Camila salió a pedir ayuda. La encontró en don Félix Badano, quién le extendió un cheque en blanco y la nutrida biblioteca pasó a ser patrimonio del instituto por un costo de $5.000.
En el acta del Instituto del 7 de noviembre de 1931, consta la donación que la familia del canónigo Juan Carlos Borques hiciera de la biblioteca y archivo que habían pertenecido al ilustre sacerdote. 2286 volúmenes fueron acarreados en carros y carretas, para ser ubicados en los anaqueles comprados con la donación que hiciera la señora Eladia Aguilar de Borques. Ediciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, en idioma latín, griego, francés, inglés e italiano, permiten evaluar su cultura humanística y su curiosidad. Entre los “tesoros” de esta biblioteca, se halla el incunable del siglo XV, muy conservado en su caja de vidrio.
También merece destacar el soneto que le dedicara a la biblioteca, el poeta, historiador y escritor Delio Panizza en el Libro de Oro del Instituto Magnasco.
Con la inauguración del nuevo y definitivo edificio en el año 1942, la Biblioteca “Olegario V. Andrade”, pudo disponer de un espacio más amplio, apto para lectura, conferencias, conciertos, presentación de libros y otras actividades favorecidas con el crecimiento en cantidad y calidad de ejemplares. Tal vez, una de las más valiosas colecciones que posee la biblioteca Andrade, sea la de Caras y Caretas, fundada el 8 de octubre de 1898 en Buenos Aires por Eustaquio Pellicer, pocos meses después de la creación de la Sociedad “Por la Patria y el Hogar”. Se caracterizó por combinar humor, sátira política y fotoperiodismo, convirtiéndose en una de las publicaciones más importantes del país, con una primera etapa que se extendió hasta 1939.
La estrella y figura principal de la revista, quien le otorgó el espíritu festivo característico, el alma, fue su director, José S. Álvarez -Fray Mocho-, un gualeguaychuense de cuarenta años que era conocido por haber trabajado como periodista en publicaciones de vida efímera. Pero la buena suerte de Álvarez no iba a durar demasiado. Una afección pulmonar incurable le segó la vida el 23 de agosto de 1903, cuando tenía apenas cuarenta y cinco años. En esta colección, se pueden encontrar varios artículos, con valiosas fotografías, que refieren a la historia de Gualeguaychú.
En 2016, el Instituto recibió la donación por parte de sus familiares, de la nutrida biblioteca de Carlos Maria Martinez, prestigioso dirigente, historiador y académico, oriundo de nuestra ciudad ligado a una tradicional familia.
Alrededor de 60.000 volúmenes conforman hoy la Biblioteca Popular “Olegario V. Andrade”, una muestra evidente del crecimiento que, a través de los años, han alimentado el accionar de las sucesivas comisiones directivas y de las inquietudes de los lectores. Permanentemente, se reciben donaciones de libros, todo debidamente digitalizado, lo que contribuye a una más rápida ubicación del ejemplar solicitado.
Digna de destacar, ha sido la labor permanente de las personas que se han desempeñado como bibliotecarias. Hoy, corresponde a Gimena Barral, quien, con título profesional, orienta al lector, ordena los anaqueles, ficha nuevos ejemplares y juega y entretiene a los niños en la atractiva Biblioteca infantil.
Con este panorama, podemos decir con orgullo: Damas fundadoras: Tarea cumplida.