Redacción EL ARGENTINO
La llegada de la Semana Santa suele ser sinónimo de altas ventas en las pescaderías, pero este año la situación económica en Gualeguaychú muestra un panorama mucho más tranquilo. Adriana Farabelo, vendedora con más de una década de experiencia en el rubro y perteneciente a una familia histórica de trabajadores del río, dialogó sobre la difícil realidad que atraviesa el sector.
“Hasta ahora se ha vendido pescado, pero no como en otros años; para mí es porque no hay plata”, aseguró la vendedora. Los precios han sufrido un incremento interanual cercano al 40%, impulsado de forma directa por los costos logísticos y de traslado. “Sube la nafta y nosotros volvemos a subir los precios porque gastamos mucha nafta para ir a pescar al río Uruguay, desde el kilómetro 40 al 160”, explicó al referirse a la estructura de costos. Entre los valores actuales que se manejan en los mostradores para estas pascuas, se destaca el sábalo grande a 12.000 pesos cada uno, la boga a 7.000 pesos el kilo (8.500 despinada) y opciones más accesibles como picada, patí, bagre y mandubí a 4.000 pesos el kilo.
Más allá de la inflación y el bolsillo de los clientes, hay un factor biológico y ambiental que enciende las alarmas de las 42 familias de pescadores artesanales de la zona: la merma en la cantidad de peces. “Año a año cada vez hay menos pescado en el río Uruguay”, advirtió Farabelo con preocupación. Según relató, el pescado como el sábalo viene desde el Río de la Plata y pasa primero por la zona de Villa Paranacito, lo que provoca que a Gualeguaychú llegue mucho menos volumen.
El trabajo de estos productores locales no conoce de comodidades ni descansos y se ha vuelto cada vez menos rentable. “Pescamos las 24 horas de lunes a viernes, y a veces te aseguro que no sacamos ni para cubrir la nafta”, lamentó sobre la dura realidad económica. A pesar de las inclemencias del tiempo y de la economía, el sacrificio se mantiene intacto por tradición y vocación. “La vida del pescador es durísima; ahora que llega el invierno se sufre, y en el verano nos mata el sol, pero bueno, es lo que nos gusta y lo que elegimos”, concluyó la trabajadora de Pescadería El Zalazo. Ahora