Por Sandra Insaurralde
La fiesta del 25 de Mayo en Gualeguaychú cumple 25 años. Durante ese tiempo, las escuelas de la ciudad se han reunido para levantar stands gastronómicos, ensayar bailes tradicionales y compartir un espacio de encuentro con la comunidad. Pero este aniversario llega marcado por dificultades, sobre todo las económicas: lo que antes era un esfuerzo compartido que dejaba grandes beneficios, hoy se mide en millones de pesos, en problemas de organización y en decisiones difíciles para padres, estudiantes e instituciones.
EL ARGENTINO dialogó con referentes de distintas escuelas para recoger la voz de padres y estudiantes y saber, a dos semanas de la celebración, cómo se preparan para el 25 de Mayo.
Marzo se inicia con la recaudación
La planificación del stand comenzó en abril, aunque el dinero se empezó a juntar antes. En marzo, entre un torbellino de ideas y posibles ganancias, los padres y estudiantes del 5° B del Colegio La Salle pusieron manos a la obra. Yanina, mama de uno de los estudiantes describió: “La primera iniciativa fue la venta de pasteles, cada chico debía vender tres docenas y, con 30 alumnos, lograron recaudar $630.000, un monto que dio confianza para seguir adelante. Después llegaron las tortas fritas, hechas en una casa de familia que se convirtió en punto de encuentro de madres y chicos. La tercera actividad fue una rifa con una importante recaudación, a la que se sumaron varias ventas de tortas en el parque y a la salida del colegio, todas exitosas”.
Con el dinero asegurado los estudiantes eligieron un diseño para el stand y fueron ajustando detalles, como los colores patrios. “La estructura se arma en un galpón, con participación mínima de los chicos porque se utilizan máquinas, mientras que la decoración queda en gran parte en sus manos. La madera costanera fue donada, pero la pintura, los clavos y tornillos tenemos que comprarlos. La decoración rondará los $300.000, y mucho más si pensamos en la comida que vamos a realizar”, explicaron desde el grupo de padres. Estos días, entonces, se viven entre ventas, ensayos y organización junto con las familias y la ilusión de llegar al 25 de Mayo con todo listo.
Si bien la previa es fundamental para reunir el dinero necesario y solventar los gastos del stand, no todos lograron tener éxito. Mara, mamá de la E.E.T. N°2, de 5° Construcción, reconoció que las ventas previas se volvieron casi imposibles: “Casi todos los domingos salimos a vender tortas, ravioles y rifas. Pero últimamente la venta está siendo muy difícil porque no hay efectivo en la calle, y me preocupa que no podamos vender todo en el stand. Yo el año que viene no lo pienso repetir, inclusive hasta el traslado es un gasto”.
La oferta gastronómica
“Con la comida, que incluye carnes y masas, vamos a gastar alrededor de $2.000.000. Los descartables suman unos $200.000, aunque conseguimos algunas donaciones. Las bebidas las conseguimos a consignación, lo que nos ayuda bastante”, explicó Yanina, del grupo de padres del 5°B de Colegio La Salle.
En tanto, desde la Enova, los estudiantes de 6°2° hablan de cálculos aún más altos. “Más o menos, se necesitan tres millones de pesos para poder hacerlo y que nos sirva. Lo más caro es la carne y las bebidas. Tenemos padres que consiguen precios al por mayor, lo que nos ayuda, pero igual es un gasto muy grande”, contó Uma, estudiante de ese curso.
En la E.E.T N°1, la comparación con el año pasado es contundente. “Invertimos aproximadamente $750.000 y sacamos una ganancia de $2.000.000. Este año, calculamos que debe costar un millón cien más o menos”, explicó Sofía, estudiante de 6°2° TAE.
Desde el 6°3° de la Enova, una madre comentó que la estrategia fue reducir cantidades. “Este año vamos a gastar un poco menos que en años anteriores porque reducimos los productos. El año pasado gastamos alrededor de $1.500.000 y este año estimamos no llegar al millón”, explicó Malvina. “Vamos a hacer cuatro bondiolas en lugar de siete y menos chorizos. Juntar plata fue muy difícil en los meses anteriores, y aunque reducimos costos sigue siendo un esfuerzo enorme para las familias”, puntualizó.
La situación es aún más compleja en la E.E.T. N°2 del curso 5° Construcción. “Todavía no compramos la carne ni la bondiola, que son lo que más va a insumir. Por suerte tenemos apoyo del comercio local: la bebida y los descartables los conseguimos en consignación. Somos padres de una escuela pública y pobres, así que es muy difícil, pero algunos locales nos apoyan”, relató Mara, madre uno de los estudiantes.
Dificultades y desafíos
Uma, estudiante de la Enova, reconoció las desigualdades internas: “Las tareas se reparten todas entre las mujeres porque los varones no colaboran mucho. Los padres ayudan a buscar precios y comprar insumos, pero donaciones casi no recibimos. Lo único que aparece son maderas o cosas para la estructura, nunca plata”.
La organización de las horas también es un desafío. “Las ventas generalmente se organizan en la escuela, pedimos horas prestadas y empezamos a calcular cuánto nos puede dar cada actividad de recaudación. En cuanto a los ensayos, hacemos aproximadamente una hora y media o dos, pero en total son cuatro o cinco antes del 25 de Mayo, según los bailes. Este es nuestro segundo año y ya hicimos menos ensayos porque son los mismos bailes y ya los sabemos”, contaron desde el curso de la Enova.
Sofía, la joven de la E.E.T N°1, reconoció algunas dificultades grupales por el tiempo que cuentan por fuera del aula: “No hemos podido coincidir todos para juntarnos.
Muchos de nosotros tenemos otras actividades y algunos tienen trabajo. Lo más difícil fue conseguir cartones prensados sin que los cobren. La carne de primera calidad también es un gasto enorme. La única estrategia que usamos es la de las ventas, porque tenemos bastante experiencia desde el año pasado”.
Otra complicación que tuvieron en este curso es que además de los gastos del stand tuvieron que afrontar los de los trajes y el dinero que cobra la profesora de baile. “Nos cobran 200 mil para que nos enseñen a bailar los tres bailes que estamos obligados que realizar para tener el stand. Además, nos hicimos cargo de los trajes y pañuelos, que ese fue un gasto grande también”.
La decisión de no formar parte
Yanina, del grupo de padres de 5°B del Colegio La Salle, reconoció que no todas las escuelas cuentan con los mismos recursos: “Nosotros tenemos camioneta para buscar la madera, teléfonos para comunicarnos y hasta compartimos un Excel con los gastos y las ganancias. Pero no todos los papás tienen esas herramientas para poder sacar adelante toda esta movida. Para mi gusto debería haber un poquito más de ayuda, de empuje. Porque los chicos al principio quedan solos, no tienen espíritu, después se enganchan porque uno como adulto los va llevando. Pero si no, cuesta muchísimo, más todavía con los varones porque al principio se enganchan más las mujeres”.
Muchos padres ya adelantaron que el año que viene no participarán, sea por razones económicas o por la propia organización de los grupos. Algunas instituciones incluso decidieron no formar parte este año. “Acá, en la escuela, ningún curso va a hacer el stand hasta donde tengo entendido, por el tema de los costos. A los estudiantes les conviene más seguir con el kiosco en la escuela y otras ventas individuales que poner el stand”, señalaron desde la Escuela Héroes de Malvinas.
Los testimonios muestran un panorama compartido: los costos se duplicaron o triplicaron respecto de 2025, las carnes y bebidas son los insumos más caros, las donaciones escasean y las ventas previas se complican por la falta de efectivo. La organización entre los estudiantes y los grupos de familia sigue siendo el motor, pero la presión económica amenaza con apagar las ganas, la voluntad y el sentimiento identitario cultural.