Gualeguaychú NUEVO RÉCORD DE MOROSIDAD

Familias endeudadas en Gualeguaychú: el impacto local de un problema nacional

La morosidad récord en Argentina golpea con fuerza a los hogares de nuestra ciudad. Familias endeudadas y un Estado que intenta dar respuestas evidencian una crisis que afecta la salud mental de los deudores y la estabilidad de las economías domésticas.

Sábado, 6 de Junio de 2026, 6:00

Por Sandra Insaurralde

La deuda de las familias argentinas atraviesa un momento crítico. Abril marcó un nuevo récord en los niveles de morosidad. Según datos de la Central de Deudores del Banco Central, procesados por la consultora 1816, más de 5,3 millones de personas tienen hoy al menos un crédito irregular. Esto significa que una porción significativa de los hogares enfrenta dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, en un escenario que se agrava mes a mes.

 

La morosidad de los préstamos bancarios a las familias trepó al 12%, medio punto por encima de marzo. Es el nivel más alto en más de dos décadas y contrasta con la situación de octubre de 2024. En un año y medio, el índice se multiplicó casi por cinco. La aceleración preocupa a los analistas, que advierten que muchas personas dejarán de ser consideradas sujetos de crédito, limitando su acceso a nuevos préstamos en un contexto en el que la inflación y el costo de vida siguen presionando sobre los hogares.

 

Este panorama nacional permite dimensionar la magnitud del problema y sirve de marco para comprender cómo se replica y profundiza en ciudades como Gualeguaychú, donde las familias enfrentan sus propias dinámicas de endeudamiento.

En las ciudades más pequeñas del país, el acceso al crédito se configura en un entramado fragmentado. Las familias suelen recurrir a distintas fuentes de financiamiento de manera simultánea, en un intento por cubrir necesidades inmediatas que el sistema formal no alcanza a resolver.

 

“Los bancos ofrecen productos financieros que no siempre resultan accesibles para sectores de ingresos bajos o informales. Frente a esa restricción, las mutuales y cooperativas brindan préstamos más flexibles y cercanos”, describieron desde una financiera de Gualeguaychú. Sin embargo, el mapa se completa con un tercer actor que expone la cara más vulnerable del endeudamiento: los prestamistas informales. Su presencia responde a la demanda de quienes quedan fuera del circuito formal.

 

 

“Estamos muy complicados, no sé cómo vamos a salir”

 

El relato de una familia endeudada de la ciudad es ejemplo de cómo la crisis financiera se traduce en un drama cotidiano. “Mi esposo y yo estamos pasando por un problema bastante grave. Nos endeudamos pidiendo plata a varios prestamistas, y hoy en día estamos en una situación de depresión total. ¿Por qué? Porque no podemos devolver la plata que pedimos prestada”, expuso una vecina, quien pidió la reserva de su identidad.

 

La mujer contó que todos los créditos fueron tomados en el circuito informal, sin recibos ni garantías, lo que agudiza la incertidumbre. “Así que andamos todos preocupados, sobre todo por la salud mental de mi marido”, aseguró. La angustia se profundizó cuando él desapareció hace dos meses, tras perder su empleo en una empresa metalúrgica. “Hicimos la denuncia y lo encontraron, pero estaba ido, en otro mundo. Y ahora es como que no puede salir de ese pozo”, relató, con la voz quebrada, la mujer.

La falta de ingresos estables terminó de complicar el panorama. “Nuestro problema comenzó cuando él se quedó sin trabajo, de un día para otro y luego de 14 años en la empresa. Acá en casa yo trato de hacer algo de venta de comida o ropa que me van pasando, pero no alcanza para devolver la plata”. La precariedad laboral y la ausencia de respaldo económico empujaron a la familia a un callejón sin salida. “Estamos muy complicados, no sé cómo vamos a salir”, dijo la vecina.

 

La historia de esta familia representa a muchas de nuestra ciudad y expone la vulnerabilidad extrema de los hogares endeudados. Una situación gravísima que afecta también la salud mental y la estabilidad emocional de toda la familia.

 

 

Cómo ser prestamista: requisitos, riesgos y beneficios

 

El testimonio de un prestamista informal permite asomarse al oficio y conocer su forma de trabajar. En diálogo con este medio, Cristián explicó con naturalidad: “Me dedico a prestar dinero a particulares, quiero aclarar que es una actividad permitida. Yo me manejo con mis propios fondos, fijo la tasa de común acuerdo con el cliente y documento cada operación. Si lo hacés de forma habitual, tenés que inscribirte y declarar los intereses como ganancia”.

 

Cristián, además, describió los riesgos de su práctica cotidiana. “El principal riesgo no es legal, es no cobrar. Por eso evalúo a quién le presto. El cliente puede tener deudas ocultas y si no hay contrato firmado, reclamar en la Justicia es muy difícil. Siempre uso pagarés o contratos para protegerme”. En este sentido, el negocio depende de la confianza y, muchas veces, de la capacidad de presión para recuperar el capital.

Finalmente, el entrevistado reflexionó sobre la conveniencia de dedicarse a esta actividad. “Vale la pena si tenés fondos ociosos y disciplina para gestionar el cobro. El retorno puede ser mayor que un plazo fijo, pero también existe el riesgo de perder capital”. En este sentido, advirtió que el escenario se ha vuelto más complejo en los últimos tiempos: “Cada vez resulta más difícil recuperar lo que las familias adeudan”.

 

 

“Una herramienta para llegar a fin de mes”

 

Una mutual con sede en Gualeguaychú, que brinda servicios financieros, sociales y de salud a sus asociados —principalmente familias entrerrianas— compartió su mirada sobre el escenario actual. “Hoy en día desde nuestra mutual estamos cumpliendo un rol de acompañamiento. Más que para grandes inversiones, las familias buscan resolver necesidades cotidianas o afrontar imprevistos. Principalmente otorgamos créditos a empleados de la provincia y jubilados”, señalaron.

 

El diagnóstico interno refleja la magnitud del problema: “el nivel de endeudamiento es elevado y cada vez más frecuente que una persona acumule dos o más compromisos simultáneos, llegando incluso a refinanciar deudas para sostener el equilibrio de la economía familiar”.

Desde la financiera mencionaron las causas de la toma del crédito: “Las más habituales son la pérdida de poder adquisitivo, el aumento del costo de vida y la dificultad de que los salarios acompañen ese incremento. El crédito ya dejó de ser una herramienta para crecer y pasó a ser una herramienta para llegar a fin de mes”.

 

“Años anteriores predominaban los préstamos para refaccionar viviendas, hoy gran parte de las consultas se vinculan con la cancelación de otras deudas, el pago de servicios, gastos de salud y necesidades básicas. Esto obliga a planificar cuidadosamente cada gasto”, sintetizaron.

 

El rol del Estado entrerriano

 

El panorama de endeudamiento que atraviesan las familias de Gualeguaychú y de toda la provincia llevó al Estado entrerriano a poner en marcha una herramienta concreta de alivio. El Programa de Desendeudamiento y Unificación de Pasivos aparece como una respuesta institucional frente a la presión creciente sobre los ingresos.

 

La iniciativa ofrece tasas más bajas, plazos más extensos y descuentos directos en los haberes, lo que permite que empleados público, privados y jubilados liberen parte de su salario y recuperen capacidad de consumo. La clave está en que no genera costo fiscal para la provincia, ya que se articula con el Banco Entre Ríos como agente financiero, reforzando su sustentabilidad.

La propuesta busca ordenar las finanzas personales en un contexto donde el endeudamiento dejó de ser excepcional para convertirse en un problema estructural. Al mismo tiempo, especialistas sugieren que el esquema oficial debería complementarse con el fortalecimiento de las mutuales y cooperativas locales, que ya cumplen un rol de asistencia crediticia en ciudades chicas. Integrar estos actores permitiría ampliar la cobertura, reducir la dependencia de prestamistas informales y generar un circuito de crédito más justo.

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