Redacción EL ARGENTINO
Ni el inicio de la Copa del Mundo ni la actuación de Lionel Messi lograron desviar la atención del escándalo que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Las estrategias para suavizar la agenda política fracasaron y el Gobierno quedó atrapado en un desgaste que paraliza la gestión. Javier Milei insiste en sostenerlo, aunque puertas adentro la resignación es total: nada alcanza mientras Adorni siga en su cargo.
Patricia Bullrich, desgastada por la presión interna, insiste en que la permanencia de Adorni es insostenible. El PRO busca ganar tiempo en el Congreso, habilitando sesiones especiales para enviar la interpelación a comisiones y evitar un quiebre inmediato. Sin embargo, el bloque opositor avanza con mociones de censura y la crisis amenaza con bloquear leyes clave como la Ley de Lobby y el Súper RIGI.
Empresarios del establishment, desencantados con el liderazgo presidencial, comenzaron a trabajar en un proyecto político que preserve el modelo libertario sin Milei. Mauricio Macri y Jorge Brito aparecen mencionados en ese esquema, mientras Bullrich se convierte en una figura atractiva para sectores que buscan una salida ordenada.
El crecimiento patrimonial de Adorni, con explicaciones poco convincentes sobre criptomonedas, alimenta la desconfianza y refuerza la idea de que el Gobierno perdió el control de la agenda.
Congreso paralizado y leyes en suspenso
La crisis bloquea la actividad legislativa. La Ley de Propiedad Privada impulsada por Federico Sturzenegger y la reforma electoral, que incluye la eliminación de las primarias, quedaron contaminadas por el escándalo. Gobernadores reciben adelantos financieros como incentivo, pero el Ejecutivo no logra reunir los votos necesarios. La interpelación de Adorni se convirtió en el eje que condiciona cualquier debate parlamentario.
Milei rechaza cualquier sugerencia de desplazar a su jefe de Gabinete y responde con exabruptos a quienes lo plantean. Su lógica personal lo lleva a sostener figuras cuestionadas, como ocurrió con José Luis Espert y Nicolás Posse en el pasado. El resultado es un Ejecutivo debilitado, con ministros y legisladores que evitan aparecer en medios por temor al “efecto Adorni”.
En Buenos Aires, Jorge Macri capitalizó medidas de seguridad sin presencia libertaria, reflejo del aislamiento político. La relación con Mauricio Macri atraviesa un quiebre que puede condicionar la estrategia del PRO hacia 2027. Mientras tanto, el ex presidente evita definiciones sobre su futuro, aunque en su entorno admiten que no descarta volver a competir.
El escándalo Adorni se convirtió en un obstáculo que corroe la gestión, paraliza al Congreso y expone la soledad de Milei. Ni el Mundial ni las maniobras comunicacionales alcanzan para correr el eje de una crisis que ya lleva más de tres meses y amenaza con redefinir el mapa político argentino.