Por 4
Enseña el diccionario que un barrio es una subdivisión de una ciudad o pueblo. La historia de los barrios en la ciudad es diversa. Algunos nacieron por decisiones administrativas, otros vieron la luz por desarrollos inmobiliarios, y están también los que se “parieron” alrededor de un emprendimiento fabril o por el complejo acontecer histórico.
Pero enseña la historia social que un barrio también debe tener para ser tal una identidad propia y eso implica que sus vecinos tengan un marcado sentido de pertenencia. Y esto se vive diariamente en el barrio Eva Perón.
Un complejo habitacional donde conviven 348 viviendas que albergan aproximadamente a 1.400 personas.
En Gualeguaychú, la pertenencia a un barrio es muy fuerte desde el punto de vista cultural y social. El barrio tiene sus tradiciones y prácticas generacionales, donde se puede avizorar el avance de los proyectos colectivos.
En el barrio Eva Perón, la tradición de la memoria tiene un hito: se ubica en las coordenadas del tiempo en abril de 2015 y en las coordenadas del espacio en la plaza Presidente Néstor Kirchner. En ese momento, por decisión y voluntad de los vecinos se plantaron árboles en nombres de aquellos que ya no están presentes físicamente, pero que durante muchos años lucharon por mejoras para los vecinos: Rubén Fernández, José García, Teófilo Caballero y Carmelo Sal, perpetúan sus nombres en cada uno de los vecinos que hoy utiliza la plaza para recreación de sus hijos y sus familias. Todo un símbolo para una época que necesita transformar la gratitud y el reconocimiento en esperanza.
Un barrio que busca herramientas
para fortalecer los lazos colectivos
El Barrio Eva Perón tiene otras seis barriadas como vecinos inmediatos: el 140, el 338, el 62 Viviendas (que son como primos por la cercanía), Florida, Jardín y Médanos.
EL ARGENTINO dialogó con el presidente de la Comisión Vecinal, Pablo Fernández, para conocer un poco de la rica historia y de las transformaciones que ha tenido esta zona.
Fernández tiene hoy 29 años y hace cuatro que integra la Comisión Vecinal. Trabaja en el Centro de Salud de Suburbio Sur por la mañana y por la tarde noche es maestranza en la Facultad de Humanidades de la Uader que funciona en la Escuela Villalba.
Es joven y vive desde que tiene dos años en el Eva Perón. “Recuerdo que en mi infancia y parte de la adolescencia teníamos a la Agrupación Atlética Eva Perón, que además de enseñarnos disciplinas deportivas, nos llevaban de campamento educativo a la Reserva Natural Las Piedras cada tres o cuatro meses. Lo digo con cierta nostalgia, porque en la actualidad nos hace falta una herramienta similar, justamente para que los jóvenes de hoy puedan construir un proyecto de vida con mayores esperanzas”.
Los niños y adolescentes del barrio concurren a diversas escuelas que quedan en las inmediaciones: la Escuela República Oriental del Uruguay, la Justo José de Urquiza, la Fray Mamerto Esquiú, la América Barboza y el Instituto Agrotécnico; además de contar para los más pequeños con el Jardín Segunda Mamá que funciona en el barrio 338.
Pero sin duda que Madres Cuidadoras es una institución que habita en el corazón de estos hogares. Esta Asociación nació en 1996, cuando la crisis económica golpeaba fuerte y de manera despiadada en los sectores más desprotegidos de la comunidad.
Hace poco más de 20 años, cuando el país comenzaba a transitar los años más críticos de toda su historia, un grupo de madres del barrio se organizó para contener a los hijos de las mamás que debían salir de sus hogares para trabajar y ganarse el sustento diario.
Desde entonces, Madres Cuidadoras es una referente ineludible para todos los barrios de la zona Oeste y que ha dado contención a los niños en sus primeros cuatro años de vida.
Comenzó a funcionar en un obrador abandonado de la empresa que construyó por entonces el 338 Viviendas. Allí, además de cuidar a los niños, se articularon talleres de oficios y espacios para consolidar la prevención en salud y generar hábitos elogiosos para vivir y construir comunidad.
Fernández recalca que el cambio del nombre se produjo en plena crisis de 2000-2001. “La crisis de entonces nos generó muchos problemas en materia de seguridad. La falta de trabajo y de oportunidades fue tremendo. Y el avance de las drogas hizo el resto”, reseña.
Pero también aclara que en la actualidad esa realidad se está revirtiendo. “Antes había peajes para circular por el barrio y hoy es un territorio libre, justamente porque todos los vecinos nos organizamos para vivir mejor y ser más solidarios”, destacó.
Hoy el barrio Eva Perón abriga muchos proyectos colectivos. Saben que dependen de ellos y de la capacidad de organizarse. La plaza es el punto de encuentro y de reunión de la Comisión vecinal. Como en una gran asamblea, allí analizan cómo seguir adelante y en ese espacio se fortalece la esperanza y la identidad de un barrio que pese a las dificultades no está dispuesta a renunciar a un mañana mejor. “Los avances son lentos, pero sin pausa. Los vecinos están comprometidos y sabemos que unidos nadie podrá sentirse solo frente a una dificultad”, concluye Fernández.
Nota completa: edición papel.