Por 4
Fue radiado del servicio en 2004 y por falta de mantenimiento derivó en graves daños y en su situación actual. “Es una tragedia para los integrantes de la tripulación del Trinidad”, comentó Alberto Pradel, quien tiene el honor de haber integrado la primera tripulación del buque. “Es una lástima, no sé que habrá pasado”, agregó Abelardo Irigoytía.Durante la Guerra de las Malvinas, ambos marinos, cumplieron un rol fundamental dentro de la dotación al mando del capitán de fragata José Luis Tejo. El destructor Santísima Trinidad estuvo en la reconquista de las Islas, al integrar la Fuerza de Tareas FT.40, comandada por el Contraalmirante Walter O. Allara.
El objetivo de esta flota de ataque era: "Capturar los Objetivos Cuartel y efectivos de los Royal Marines, la localidad de Puerto Argentino y Faro San Felipe, colaborar en la captura del Aeródromo de Puerto Argentino y efectuar inicialmente, el control sobre la población a fin de contribuir a ocupar y mantener las Islas Malvinas, ejerciendo simultáneamente el Gobierno Militar del territorio".
Alberto Pradel nació en Urdinarrain, pero desde muy pequeño vino a vivir a nuestra ciudad a una casa en Bulevar Daneri al 70.
Le dedicó diez años de su vida a la Armada y en 1981, era parte de la dotación que estuvo en Inglaterra para realizarle los ajustes operacionales al buque.
Durante la contienda estuvo en el sistema de defensa del navío y era quien debía activar los misiles Sidart en caso de ataque aeronaval.
Se retiró de la Armada tras finalizar la contienda y hoy vive en Buenos Aires.
Abelardo “Lalo” Irigoytía, nació en el barrio Pueblo Nuevo y vive hoy en Ushuaia, donde fue declarado ciudadano ilustre.
Durante el conflicto era el enfermero del Santísima Trinidad, en la cual navegó hasta 1983 para retirarse de la Armada a los 35 años de edad.
Ambos conocieron al capitán Pedro Edgardo Giacchino, el buzo táctico que pasó a la eternidad como el primer héroe caído en combate en este conflicto.
“Era el enfermero del barco, conocí a Giacchino y algunos comandos que participaron del desembarco que hoy viven en Ushuaia. Ese día no hubo heridos que atender, luego del desembarco volvimos a Puerto Belgrano y seguimos navegando hasta el final de la guerra”, dijo.
“Sería ideal convertir a ese buque en un museo, pero ahora no sé si van a poder reflotarlo”.
El hundimiento
El 21 de enero pasado el ARA Santísima Trinidad estaba casi hundido tras una avería en una tubería mientras estaba apostado en Puerto Belgrano, escoró casi 80° sobre su eje y tocó fondo en la dársena del citado puerto en el que estaba varado desde 2004.
El ministro de Defensa Arturo Puricelli admitió que el Santísima Trinidad estaba "fuera de mantenimiento, porque es un buque que va a desguace, a chatarra. Es como dejar un auto para mandar a chatarrería; y usted no se pone a revisarlo para arreglarlo", sintetizó.
“Para mí que fui la primera tripulación del Santísima Trinidad y participé en ese buque en la Gesta de Malvinas, es un dolor muy grande ver lo que está pasando”, dijo Pradel.
“Estamos muy apenados y queremos saber qué es lo que pasó, cómo el navío se hundió estando amarrado. No puedo hablar de un sabotaje, pero necesitamos saber las causas de este hecho, no es común que un buque de la clase del Santísima Trinidad se hunda estando amarrado al muelle”.
Y agregó: “Creo que el personal que estaba a cargo del navío va a tener que dar explicaciones, para determinar porqué dejaron que se hundiera y también tendremos que saber con qué medios contaban para poder impedir esto, porque si no se tienen las bombas de achique apropiadas no se va a solucionar el problema en este ni en ningún caso.
Hablamos entre compañeros de servicio sobre lo que está pasando, para nosotros es un golpe muy duro para quienes queremos a nuestra Armada y a lo que hemos dado mucho de nuestras vidas por la fuerza y la patria”.
Tras la operación de desembarco del 2 de abril del 82, el destructor fue comisionado para patrullar la plataforma marítima hasta el final de la guerra. En el Atlántico Sur era reabastecido por el petrolero Campo Durán, en la cual estuvo embarcado el marino mercante, Miguel Valenzuela, que hoy es el único civil de nuestra ciudad, que participó en la logística de la Armada, durante la Gesta e integra el Centro de Veteranos de Gualeguaychú.
“Que el Estado argentino haya dejado que pase lo que pasó me da mucha pena. Es un buque insignia, es algo del Estado y es del pueblo. No se que tipo de avería tenía ese barco pero no creo que se haya hundido de un día para el otro, todos los barcos tienen un sistema de bombas de achique, que mantiene el barco a flote y la Armada debe haber tenido a alguien manteniendo esas bombas.
No creo que sea más fácil dejarlo hundir, como se dijo en un primer momento para después reflotarlo, el trabajo es mayor y una vez que el agua de mar ingresa al casco, oxida toda la estructura. A ese buque no se le dio importancia”.
En tanto dejó en claro que: “Esto no es una cuestión política sino es una cuestión de abandono. El buque está amarrado desde 2004 y no es uno de los destructores más viejo que tenía la Armada. Abría que abrir una causa judicial por abandono de bienes del Estado. Es algo que no me entra en la cabeza, para mi la Armada no le prestó importancia”, concretó Valenzuela.
Por Diego Elgart
EL ARGENTINO