Policiales

Dos años y medio de cárcel para el hombre que mantuvo cautiva a dos familias en un campo

El hecho sucedió a principios de año en un establecimiento rural de Villa Paranacito. El autor violentó los domicilios y los mantuvo amenazados en el momento de la cena. Las propias víctimas lograron reducirlo hasta el arribo de la Policía. Ya había cumplido una pena por homicidio.

Lunes, 13 de Abril de 2026, 11:58

Redacción EL ARGENTINO

Se trata de Pablo Federico Florencio Quinteros, un hombre de 48 años, domiciliado en Benavidez, en la provincia de Buenos Aires, que fue el causante de una noche de terror para dos puesteros y sus familias en un campo situado en el sur entrerriano.

 

Fue detenido esa misma noche y desde entonces se encontraba preso en la cárcel de Gualeguaychú con prisión preventiva. Ahora se definió su futuro en un juicio abreviado realizado en los Tribunales de Gualeguaychú, donde se lo condenó a 2 años y 6 meses de prisión efectiva por sus antecedentes penales y por la imputación que le realizó el fiscal Gastón Popelka por violación de domicilio (dos hechos); daños; amenazas; privación ilegítima de la libertad (dos hechos) y coacción (dos hechos), en contexto de violencia de género.

 

Una noche para el olvido

 

Todo sucedió en la noche del miércoles 28 de enero en el establecimiento “Los Ceibos”, ubicado en el kilómetro 2 de la ex Ruta 46, en Villa Paranacito. Esa noche, dos hombres de 36 y 25 años, con sus respectivas familias, vivieron momentos de mucha tensión por casi una hora. Fueron víctimas del ataque de Quinteros, que los sorprendió a la hora de la cena, totalmente alterado, aduciendo que era perseguido.

 

Primero fue a la casa del capataz, un hombre de 36 años que había llegado al campo Los Ceibos cuatro meses atrás, para trabajar como puestero junto a su pareja. Pero esa tranquilidad se vio alterada por la llegada de este atracador, que pateó la puerta e ingresó violentamente. Les dijo que lo estaban siguiendo, que estaba armado bajo un trapo que envolvía una de sus manos. Le pidió a la pareja si lo podían esconder y alertar a la Policía, a lo que la víctima le dijo que como no tenían señal su mujer debía ir hasta la ruta para dar aviso.

 

La mujer salió del inmueble, pero la intención fue alertar al otro puestero que se encontraba a unos 50 metros, con su esposa, una hija de 17 años y un hijo de 13. Mientras, el capataz se quedó en la casa con el intruso, que todo el tiempo estuvo parado al lado de la puerta mirando hacia afuera. Pero con el correr de los minutos la situación se tornó aún más extraña y violenta.

 

Quinteros cambió su actitud. Obligó a su víctima a encerarse en el baño. El hombre encerrado comenzó a gritar y fue allí que el intruso abrió la puerta del baño, lo tomó del cuello y lo obligó a salir en dirección al otro puesto, donde se encontraba su mujer y la otra familia. Siempre amenazándolo con una supuesta arma de fuego escondida, ambos hombres caminaron hasta la otra vivienda y al llegar empezó a patear la puerta y pedir que le abrieran. La puerta se abrió y obligó a las dos mujeres y los menores a encerarse en el baño.

 

Tras esos momentos de mucho nerviosismo y miedo, hizo salir a todos hacia el patio mientras rompía todo en su interior. Fue en ese momento en que los dos hombres víctimas decidieron hacerle frente para evitar una escalada de violencia. Empezaron a forcejear dentro del baño y lograron reducirlo, mientras que las dos mujeres con los niños corrieron hasta la tranquera donde ya se encontraba un móvil policial.

 

Los policías ingresaron a la vivienda y detuvieron al hombre de 48 años. El fiscal de Islas del Ibicuy, Gastón Popelka, le tomó declaración y tras ello se esperó por el Registro Nacional de Reincidencia que confirmó un pasado peligroso. Se confirmó que este hombre había cumplido una pena de 8 años y 6 meses de cárcel por un homicidio en 2014 y en diciembre había salido en libertad tras cumplir una segunda condena de poco más de un año por tenencia de estupefacientes.

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