Redacción EL ARGENTINO
La Policía Federal brasileña abrió una investigación tras el robo de material biológico en la Universidad de Campinas (Unicamp), en el estado de San Pablo. El hecho, descubierto el 13 de febrero, involucra la sustracción de muestras de virus como H1N1 y H3N2, responsables de la gripe tipo A y con potencial pandémico. El material estaba almacenado en un laboratorio de bioseguridad nivel 3 (BSL-3), un área de alta contención sujeta a estrictos protocolos.
El lunes, fue detenida en flagrancia la profesora argentina Soledad Palameta Miller, de 36 años, coordinadora del laboratorio de Virología y Biotecnología de los Alimentos de la Unicamp. Está acusada de robo, fraude procesal y transporte irregular de material genéticamente modificado, en violación de las normativas de la Comisión Nacional Técnica de Bioseguridad (CTNBio). Posteriormente fue liberada bajo prohibición de salir de Brasil y de acceder a la universidad.
La Policía Federal confirmó que los virus permanecieron dentro de la institución y fueron recuperados, aunque parte del material se halló en otros laboratorios y en contenedores de basura con signos de manipulación. También se investiga la posible participación del marido de la profesora, Michael Edward Miller, veterinario y socio en Agrotrix, empresa dedicada a la producción de virus transgénicos.
Expertos en salud pública calificaron el hecho como “muy grave”. Gonzalo Vecina Neto, ex presidente de ANVISA, advirtió que la violación de protocolos en un BSL-3 implica riesgos críticos para la población. El caso reavivó el debate sobre la seguridad en laboratorios de alta contención y coincidió con la construcción en la Unicamp de Orion, el primer laboratorio BSL-4 de América Latina, previsto para 2027.
La universidad declaró que colabora con las investigaciones y mantiene una pesquisa interna. El Ministerio de Agricultura también impuso secreto sobre el material recuperado. El episodio se suma a recientes incidentes en instalaciones sensibles de Brasil, como el sobrecalentamiento de paneles en el reactor nuclear del Instituto de Investigaciones Nucleares de San Pablo, y revive la memoria de tragedias pasadas como el desastre radiactivo de Goiânia en 1987.