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El fútbol de Gualeguaychú ha tenido cierta e importante presencia desde que, en 1931, se implantó el profesionalismo en nuestro país.
Colaboración Roberto Morales.
Aquella primera temporada dejó dos hitos marcados a fuego, que casi son una carta de presentación para los nacidos en “la ciudad de los poetas”: el primer gol del profesionalismo, anotado por Alberto Zozaya a Talleres de Remedios de Escalada, un 31 de mayo de 1931 y la consagración del centrodelantero “Pincha” como el máximo scorer del campeonato, anotando 33 goles para Estudiantes de La Plata.
Después de “Don Padilla”, surgió Luis Domingo Timón, delantero de Juventud Unida que emigró al fútbol porteño y anotó 12 goles, entre 1936 y 1937, repartidos para Talleres y Platense.
Luego de un exitoso paso por Independiente de Bogotá (Colombia), siendo uno de los pioneros argentinos que impulsaron el desarrollo de esa liga, su carrera finalizó en Italia, donde vistió los colores de la Roma, en 1940.
En el torneo de 1936, Zozaya fue el sexto goleador, anotando 19 goles y el máximo artillero resultó Evaristo Barrera (Racing Club), con 32.
Al año siguiente, apareció por última vez en el “top ten” de los goleadores, con 17 conquistas jugando siempre para Estudiantes de La Plata, ubicándose noveno, lejos de los 47 tantos de Arsenio Erico (Independiente de Avellaneda).
Varias décadas debieron pasar para encontrar un apellido local entre las alineaciones de los equipos y de la nómina de goleadores en torneos de la AFA y ello sucedió recién a comienzos de la década de 1960, aunque ninguno de ellos alcanzó la cantidad de goles de Zozaya.
Domingo Aranda, Raúl Ricardo Noguera, Enrique Jesús Roldán y Ernesto Luciano Lencina, el defensor más goleador en la historia de Quilmes, comenzaron a aparecer en las crónicas de los partidos haciéndose presentes en la redes rivales y así el mundo futbolístico local comenzó a seguir sus campañas en las revistas Goles y El Gráfico, en tiempos donde la televisión no le daba demasiada importancia al fútbol.
Más acá, muchos gritaron goles de Ernesto Juan Álvarez, Mario Raffart, Víctor Hugo Marchesini, Marcelo Bauzá, Guillermo Ríos, Alejandro Duré, Marcelo Broggi, Gastón Fiorotto, Facundo Curuchet y Renzo Tesuri, pero ninguno de ellos alcanzó la dimensión de Zozaya.
Hasta que apareció
Martín Ezequiel Ojeda.
Desde las inferiores de Sud América, Ojeda llegó a Ferro Carril Oeste, donde debutó en la Primera Nacional y después su camino en Primera comenzó en Racing Club de Avellaneda y siguió en Huracán, hasta que Godoy Cruz de Mendoza lo sumó en la temporada 2020, en la cual jugó poco y anotó apenas un gol.
Su crecimiento se dio en la última edición de la Liga Profesional, donde anotó 12 goles (1 de penal) y finalizó en el quinto lugar de la tabla de goleadores, que lideró Julián Álvarez, con 18 anotaciones.
Es más, en algún momento llegó a compartir el primer lugar, antes de la impresionante racha del delantero de River Plate, hoy considerado el mejor futbolista del medio.
Entre el lejano 1937 y el pasado 2021, la ciudad nunca tuvo un goleador en los torneos de la AFA y esta aparición de Martín Ojeda es un motivo de legítimo orgullo para quienes transitan las graderías de los campos de juego locales, con la esperanza de contar con otro en un futuro muy cercano.
Más de ocho décadas separan a Zozaya de Ojeda, pero los une el mismo origen futbolístico y el deseo de estar pendientes por romper las redes adversarias.