Por Germán Farabello
Bajo la dirección de Guillermo Carabajal, este año la propuesta es "La Resistencia", relato que rescata la raíz gauchesca de nuestra tradición y que nos alerta sobre la desconexión que sufrimos a manos de la tecnología.
Con notables mejoras en vestuario y en carrozas, la apertura de los de negro y dorado logró un mayor impacto respecto a su debut ocurrido el sábado 3 de enero pasado.
Los bailarines de comisión de frente lucieron sus vestuarios completos, con decoraciones y tocados lumínicos que esta vez funcionaron en su totalidad. La propuesta coreográfica es precisa, con momentos álgidos donde muestran sus destrezas de malambo, con muy buena coordinación. A su vez, un destaque giratorio nos muestra a tres personajes rodeados de aros de luces que resumen aquello que se puede encontrar en el mundo web, como apuestas online o contenido para adultos.
La carroza de apertura completó efectos lumínicos en todos sus frentes, con luces azules, violetas y rosadas. Del mismo modo la parte posterior sumó pantallas de celular donde se vislumbran siluetas humanas "atrapadas" en ese mundo virtual.
La primera escuadra en verde y marrón, al igual que la segunda en tonos naranja y amarillo mostraron un mejor nivel de decoración. A su vez, el desfile de las escuadras fue prolijo y alegre, rompiendo el hielo de una noche que parecía fría por las inclemencias del tiempo.
La reina Manuela Scorzelli es una digna representante de su comparsa, no solo por pertenencia, sino por su belleza y carisma, las cuales se ven potenciadas por el magnífico vestuario y sus dotes como bailarina.
Un gran destaque hizo su debut en la segunda noche, el cual sirve para dar funcionalidad a los personajes que representan distintas épocas, unidos por una gran bandera argentina. Si bien el carromato tiene buen tamaño, se aprecian detalles de terminación e iluminación que podrán mejorar para las próximas noches.
Los portabanderas Cielo Pereyra y Felipe Bon volvieron a ser uno de los puntos más destacados del desfile, con una coordinación perfecta y alegre. Los vestuarios, que son de los mejores de esta edición, sumaron más brillos, logrando un efecto digno de quienes llevan el emblema de su comparsa.
La banda Alma Carnavalera tuvo un comienzo con algunos tropiezos. Sobre el inicio sufrieron un corte abrupto en el sonido, algo que se logró subsanar pero que se vio empañado por acoples o disparidad en el volumen de las voces, que por momentos no se escuchaban.
Sin embargo, las canciones logran transmitir el argumento con letras claras y melodías gauchescas, que generan el clima adecuado para la historia.
El paso de Alma Carnavalera en el carro de músicos con las voces de Belén Grecco, Emilio Benetti, Macarena Pérez y Diego del Valle, provocan la arenga del público, agilizando el desfile de la comparsa.
El último bloque de Ará-Yeví muestra una paleta de colores como rosa, amarillo, violeta, verde y rojo que se combinan con plumas blancas. Los espaldares son de buen tamaño y diseño, y generan un buen efecto en la altura de la misma.
Lo más llamativo de este tramo final en la segunda noche, fue el acting realizado por los gauchos con cabezones al estilo Molina Campos, la cuales tiran de un carro, a la vez que teatralizan una pelea de gallos.
El show de la batucada Sonido de Parche a cargo de su director Leo Stefani no falla. Junto a la pasista Camila Carro realizan una performance aceitada, acorde a la temática, con buen ritmo y potencia, la cual es muy bien recibida por el público.
La carroza de cierre quizás sea la de menor nivel de esta temporada en el Carnaval del País, pero mostró muchas mejoras respecto a la primera noche de desfile. Con grandes esculturas, la apuesta monocromática no ayuda a definir las figuras, y los efectos lumínicos se diluyen en tamaña propuesta.
Buena noche para Ará-Yeví que desfiló pareja, con gran espíritu carnavalesco y creció notablemente a pesar de haber tenido un comienzo de temporada por detrás de sus competidoras.