Redacción EL ARGENTINO
El acuerdo integral entre Estados Unidos y Argentina establece un marco de comercio recíproco con impactos directos en la agro industria, el acceso a tecnología y la propiedad intelectual. Busca eliminar barreras arancelarias y no arancelarias, alinear regulaciones técnicas y agilizar registros. Sin embargo, el análisis muestra un escenario desigual: Argentina abre rápidamente su mercado a productos estadounidenses, mientras que los beneficios para la producción nacional aparecen más condicionados y a largo plazo.
Carnes y lácteos
Argentina logró ampliar la cuota de carne vacuna libre de aranceles hacia EE.UU. a 100.000 toneladas anuales desde 2026. Aunque es un avance para la cadena bovina, el acuerdo exige una apertura inmediata para carnes porcinas y avícolas estadounidenses, con plazos estrictos y simplificación de registros. En lácteos, Argentina se compromete a no aplicar restricciones ni proteger términos como “parmesan” o “mozzarella”, lo que puede afectar la identidad de productos locales y limitar la diferenciación en mercados externos.
Producción agrícola y economías regionales
El tratado fija cuotas arancelarias para almendras, pistachos, vino, papas fritas congeladas y golosinas de origen estadounidense. Además, Argentina deberá implementar en seis meses un plan para erradicar el trabajo infantil en producciones críticas como algodón, ajo, uvas y yerba mate. Aunque socialmente positivo, el plazo resulta exigente para economías regionales con escasos recursos de control y fiscalización.
Maquinaria e insumos
La importación de maquinaria usada de EE.UU. se habilita mediante la modificación del Decreto 273/2025. Esto abarata el acceso a tecnología, pero amenaza a la industria nacional de maquinaria agrícola, que ya enfrenta dificultades para competir. En insumos, se fijan aranceles 0% para fertilizantes clave, lo que reduce costos de producción pero genera dependencia externa en un rubro estratégico.
Propiedad intelectual y biotecnología
Argentina se compromete a ratificar el Convenio UPOV 1991 antes de 2027 y el Tratado de Cooperación en Patentes (PCT) antes de abril de 2026. Estas medidas alinean al país con estándares internacionales, pero refuerzan el dominio de multinacionales sobre semillas y biotecnología, limitando la soberanía científica y la capacidad de innovación local.
El acuerdo redefine la relación bilateral y abre oportunidades para sectores como la carne vacuna. Sin embargo, la apertura acelerada de mercados sensibles, la dependencia tecnológica y los compromisos en propiedad intelectual plantean riesgos para la competitividad argentina. El desafío será implementar políticas complementarias que protejan a los productores locales y aseguren que la reciprocidad prometida se traduzca en beneficios reales para la agroindustria nacional.